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Archive for the ‘Relatos y micros’ Category

Héroes

Realmente, y haciendo memoria, la culpa de todo la tuvo aquel niño gordo y su camiseta.

Era mi primer trabajo y yo, consciente de que estaba predestinado a hacer cosas importantes, no sentí extrañeza al ver el edificio de la ONU.

Desde la 2ª avenida ya se oía un gran revuelo y cuando salté desde la calle 45 hacia la azotea intuí que algo no iba bien, así que decidí darme prisa. Teniendo en cuenta que era totalmente invulnerable destrocé sin miramientos a todos esos petimetres vestidos con mallas chillonas. Mi color es el negro.

No puedo decir que la rabia me cegara, no, es un problema de la hipervelocidad que, es hora ya de que se diga, genera un desequilibrio en el sistema mesolímbico que hace que literalmente sientas el sabor de la adrenalina en tu boca. Los colores se superponían mientras máscaras y capas volaban ensangrentadas a mi alrededor…

Realmente, y haciendo memoria, de haber sabido que era día de visita escolar no habría confundido a aquel niño y su camiseta de Supermán con mi archienem…

Joder, se supone que un supervillano no tiene escrúpulos, pero cuando es tu primer trabajo y te ves con un brazo de 11 años arrancado de cuajo golpeando la inocente cabeza de… de su .. su dueñ…no puedo seguir, doctor, no..

Lo entiendo. Relájese, descanse. Continuaremos la próxima sesión.

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De haberlo sabido

De haberlo sabido, una de dos; o me hubiera quedado escondido tras los matojos, o hubiera huido hacia el lago. Pero cómo iba a saber que aquel bello e inocente rostro, que primero me miró alegremente, me tomó en sus manos con dulzura y me apretó contra su pecho, dejándome colorear su escote con mi suciedad de meses…

De haberlo sabido… nunca me habría caído del guindo, pero siempre me gustó la libertad, traspasar los límites de esta naturaleza nuestra a la que debemos obediencia y adoración, romper con la vida que me imponía el destino…

De haberlo sabido, me habría ahorrado el dolor de la separación, que fue peor y más intenso que el de mi propia caída. Curiosamente siempre le temí más al caer que a la ruptura, pero nunca imaginé que cuando te separas, pierdes un trozo de ti, para siempre.

Algunos pensarán que merece la pena el riesgo. Yo les digo con mi último pensamiento, mientras me consumo en la hoguera y oigo el crepitar de las chuletas, salchichas y, por el olor, algo aderezado con tomillo, que estaba mejor cuando anidaban sobre mí los pájaros.

Pero yo qué sabía…. rama estúpida…

-¡Niña, remueve el fuego, que se está apagando!

-Es esta maldita rama, que está húmeda…

A.Alés

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“Amargura Bendita, con amor”, lucía la firma de aquella foto que Benito enseñaba a todos sus nuevos clientes de cuando pasó por la taberna la coplera, ya entonces, venida a menos.

– Se tomó un Gin Tonic! –añadía siempre- cuando las mujeres ni bebían ni ná de ná!.

Se quedaba extasiado por unos momentos, como si en las telarañas del techo hubiera tetas en movimiento y de repente salía de la modorra y exclamaba:

– Qué mujer!

Entonces, devolvía con mimo de padre primerizo la foto al segundo cajón y todos los presentes se mordían la lengua o sonreían por debajo del bigote.

Amargura Bendita, que emprendió viaje a “hacerse las américas” ya que en las españas no había lugar para una coplera ciega, y fea. Tampoco triunfó allende los mares, y Benito cuenta que murió en Puerto Rico sola, sin más hombre que la noche que se hicieron un ovillo en la trastienda, después del Gin Tonic y antes de dedicarle la foto.

Las cartas de amor y matrimonio las guarda en el primero, bajo llave. Pero esas solo las saca a los viejos amigos. Al calor del Oporto.

Dulce, por supuesto.

“Yo no quiero flores, dinero, ni palmas,

quiero que me dejen llorar tus pesares

y estar a tu vera, cariño del alma,

bebiéndome el llanto de tus soleares.

 

¡Ay, pena, penita, pena -pena-,

pena de mi corazón,

que me corre por las venas -pena-

con la fuerza de un ciclón!”

 

A.Alés

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Ahora sé, antes no, que no merecía lo que me dijo. Pero entonces no sabía que en realidad la buscaba a ella.

No, no a ella, buscaba sentir lo que había sentido con ella, aunque entonces en mi mente el pluscuamperfecto estaba desterrado y mi concepto era “lo que sentía con ella”. Así que lo que era contextual lo creía general, torpe de mí, tan listo como era, ¿o había sido?.

Los pensamientos, como en una eterna salida de la maratón newyorkina pugnaban en conjunto por avanzar y se atropellaban unos sobre otros. Era incapaz de terminar un hilo sin evitar que se injertara en otro paralelo y/o trazara, al menos, un par de bifurcaciones, osea, cuatro líneas más.

Lo absurdo de todo eso era que si bien sobrellevaba con la ayuda de tantas ellas la situación con ←soltura-frecuencia→ olvidaba que iba olvidando el inicio de lo que avanzaba en exceso, como aquellos juegos matabichos de cuando los bytes eran preciosos y disparaba a una pared para comprobar a partir de cuántos disparos empezaban a desaparecer de la pantalla los primeros agujeros.

Mis amigos, aun me quedaban algunos, me decían que cuando estaba, era, ella era, estaba, yo, distinto (ellos usaban la palabra “normal”, de eso me acuerdo).
Sé que me amordazaba, a beses, cuando no me entendía, a vecos. Sabía a lavanda, no sé por qué.

Y se paraba la maratón.

Querido diario: te escribo por/más-que (o más/por-que) ésta que está a mi lado, me llamó anoche mujeriego, pero sí que sabía su nombre, sólo que lo olvidé cuando me besó y no supo, perdón, supe, perdón, sabía, a lavanda.

PS: Me duele la cabeza, ¿dónde estás?.

 

A.Alés

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Debía ser primavera, porque desde el patio se veían las ventanas abiertas y yo llevaba mi uniforme a base de camiseta manga corta bajo camisa abierta. Así envolvía mi timidez, qué le vamos a hacer.

Debía ser primavera, porque la fresca brisa llevaba en volandas un avión que bajaba rápidamente en espiral. Me dio tiempo a pensar antes de caer que no se suspendía correctamente por tener un alerón más grande que el otro. Así me entretenía yo, qué le vamos a hacer.

“Maricarmen y Alex” dentro de un corazón desdibujado, como pintado deprisa, leyeron mis ojos y aunque no fuera yo el destinatario de… Pero nadie, recuerdo, excepto Javi, sabía decir mi apellido. Alé, Alex, El Ale,… Qué le vamos…

Lo cierto es que oí un crujido al romperse algún precinto, cuando aterrizó ese corazón alado que, pensándolo bien, no estaba tan desdibujado como sobre el que hizo tierra. Calor, presión… ¿cómo se describe?… Lo bueno de eso, es que todo el mundo sabe cuál es la sensación que no sé describir pero… sí, ahora estoy seguro, no debía, era primavera.

En mi introspección quise enamorarme de aquel corazón. Buscar a su dueña y, probablemente con ella la realidad no entraba en mis planes. ¿Para qué perseguir la verdad incógnita cuando el calor del soñar despierto era tan grato? Así era feliz yo, qué le vamos a hacer.

…..

Tres días después reunió lo que a mí me faltaba y me lo dijo con la mirada. No se me ocurrió otra cosa que, en una de mis muestras de idiotez, balbucear –Alés es con s y tilde en la e

Por el camino decidió, con la misma rapidez que hoy decide la cena, que Alesín sonaba bien y si no te gusta te aguantas.

Qué le vamos a hacer.

 

A.Alés

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La despedida

(vamos, respira… respira, tienes tiempo. Hazlo bien)
Decididamente, fue mala suerte. Como en las películas. Escalera, bombilla, chispazo…
(no cierres los ojos ….., piensa, piensa)
La
vida y la muerte son a veces, tan caprichosas. Caida. Encimera con
tabla, cuchillo favorito y pimientos esperando ser ajulianados…
(duele… no, no duele, piensa en ella, ella es tu vida, es la vida)
La sucesión… sí, el brazo izquierdo. Toca, tabla. Salta cuchillo. Se aguanta. Cae… de equilibrista vamos. Qué mala suerte
(no, no llores ahora, no llores, escribe, escribe!!)
Vaya, justo en el centro del corazón… es buen cuchillo. Afilado. Limpio.
(una palabra, no hay más, no tengo tiempo… una sola palabra)
No murió al momento, pobre. Debió quedarse ahí un rato.
(amor mío, amor, lo siento, lo siento…..lo siento)
¿Y ese dedo, empapado de sangre?
(no tiembres, puedes… se lo debes…. no te vayas sin despedirte)
El reguero…. movio…. no, tenía el cuello roto no?, pásame el informe…
(respira, tranquilo, no te vayas aun, no te vayas…)
…ctura en L2-3, fatal, paraplej…. vaya!, movió el braz…oh.. ¡levanta ese pié!
(..mi
despedida, es nuestra palabra, recuerdas?, con mi sangre, para siempre,
te espero amor mío, te esperaré siempre, no tengas prisa, vive, ríe,
sueña, baila, al final, te espero, siempre, siempre. Lo sabes, es tu
palabra, está todo ahí, guárdala, mi despedida, mi regalo, mi último
aliento, te llevo en el alma, te llevo en mis ojos… no llores, no
llo…)

Mierda, me
llené la suela de sangre…. de todas formas está claro no?. Accidente
fortuito…. que no somos el CSI, ….. pásame un trapo, anda, que
limpie esta mierda
(……)

A.Alés

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Despertar

…Sencillamente, la mañana se coló sin avisar (a veces lo hace) y nos
encontró en la ausencia que sólo da el sueño atrasado. Únicamente un
centímetro cuadrado daba cuenta de una física, donde puede hallarse el
último átomo que bordea un cuerpo a renglón del primer átomo de otro.
Contacto, que llaman, acertadamente.

…Sencillamente,
con la mañana vino un rayo de luz, que se coló como señalando al
infractor, señor juez. Culpables. Y la sentencia se cumplió,
despertando primero a una, luego a otro y por fin a ambos. Y con ellos
la duda.

Sin lentillas ni cristales por medio no se ve. Ja!.
Paradojas. Y ahora por uno después por otro un rutinario movimiento
calzaba licra aquí, algodón allá. No, duerme tú no te levantes.

Y se quedó el café. Sin tostadas, sin cereales y sin cigarrillo. Sin palabras.

No fue hasta que sonó el portazo que fue un instante con la carrera, frio suelo bajo los pies. ¿y se fue sin decir…?

Asomado
ya al balcón. Aun era tiempo. 3 plantas y esperaba ver abrirse otra
puerta, la de la calle, y acumulaba palabras… si, debían caer
suavemente, por gravedad, desde esa tercera puerta, la del balcón,
entre las plantas del 2º, bordeando el aire acondicionado del primero,
para caer suavemente, justo al salir tú, entre el cuello de la camisa y
el otro cuello, interminable anoche que recogió cuantos besos pidieran
permiso y, en esa rendija, seguir cayendo, palabra tras palabra para topar con el suave relieve de
la clavícula. Esa que me acogió, en su dureza, como perfecta almohada y
sin pudor y no obstante, palabras, a rodar hacia el profundo canal cuya
visión primera paró todos los relojes de la casa, extrañados, que se
echaron a dormir sin remisión.

Esas
palabras, sabía, rodarían hasta recalar en su destino. Pum pum. Un poco
más a la izquierda. PUM PUM. Ahí, ahora, colaos todas, entrad y
quedaros para siempre.

Y si, quizá, miraría, arriba. Aqui estoy. Tuyo. No te olvides de mí sin querer, hazlo queriendo.

Pero
no saliste por la puerta, ¿qué pasó?, ¿mirabas acaso el buzón donde
otras cartas, más frias se alojaban?. ¿Se paró el ascensor?……
¿Volviste? y sonó otro PUM en la puerta, la de dentro y suspiré.
Volviste…….

-Quillo llevo aporreando la puerta un rato, con
el coche en doble fila.. ¿qué haces en gallumbos?….. ¿te has quedao
sobao?, no me jodas…. – Y si, empezaba a comprender – ¿Quillo, qué
coño te pasa?…

-Nada…. tuve un sueño…

A.Alés

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