European Tour. Días 1/2 del 12 y 13

Salzburgo. La ciudad de Mozart. Pero es mucho más que eso.

Salzburgo tiene algo especial, y con los ojos cerrados se la recomiendo a todo el mundo porque aparte de ser monumental y llena de posibilidades para la visita, está en un entorno privilegiado. Entre montañas y totalmente integrada al río Salzach tiene belleza y magia al mismo tiempo, pero vamos con la crónica:

 

Como conté en la entrada anterior, llegamos por la tarde de la jornada 12 de viaje, después de un largo camino norte-sur-norte por Austria y una pequeña escala en Eslovenia. Estábamos cansados y ciertamente el hotel Rosenvilla, donde nos alojábamos, nos acogió perfectamente como para quedarnos allí a descansar hasta el día siguiente, pero realmente estábamos deseando pasear por la ciudad así que aunque el hotel estaba en una zona residencial, a unos 20 minutos andando del centro histórico, decidimos recorrerlos y hacer un primer recorrido tarde-noche. En el hotel nos informaron de la Salzburg Card, con la que podías hacer uso durante 24 horas de todos los medios de transporte así como entrar a casi todos los lugares pero decidimos estudiar su conveniencia y aunque el Bus paraba al lado del hotel nos atrajo la idea de caminar ya que primero entraríamos en el Volksgarten, que era un parque fantástico con lago y playa y todo donde muchos locales disfrutaban de la calurosa tarde y paseamos junto a bañistas, jugadores de voley playa, ciclistas y otros paseantes para llegar al río y seguir junto a él, entre árboles y mansiones hasta cruzar uno de los muchos puentes que desembocan en el casco histórico, donde en la terraza del Museum nos tomamos una cerveza mientras se puso el sol y la noche invadió la hermosa y pequeña ciudad para recorrer calles de pequeñas tiendas y restaurantes, todo a precios desorbitados, y llegar al límite noreste donde la montaña está literalmente cortada y da fin a los últimos edificios. Aun con el calor que nos perseguía en este viaje disfrutamos del paseo y de la vuelta hasta nuestro hotelito donde, ya en nuestra regalada suite aprovechamos para un poco de relax y un sueño más que reparador, que el día siguiente iba a ser muy intenso.

 

Y llegó la mañana, esta vez sin despertador, de la jornada 13. Yo la verdad es que estaba deseando bajar a desayunar movido por las innumerables referencias que en los portales de Internet hacían de este lugar y su desayuno, y es cierto que se lo curraron bastante. Es diferente a los desayunos habituales, más propio de los Michelin, con pequeños platitos elaborados en plan boutique además de los productos típicos, con una variadísima selección de quesos y frutas y verduras frescas. A mí me encantó, a Luk, más espartana y poco dada a la probatura de cosas nuevas un poco menos pero sea como fuere disfrutamos de lo que en esencia es un poco de energía para empezar el día (yo, pese a mi tendencia habitual y aunque eran a demanda, sólo me comí un huevo cocido, al que le pintaron una carita sonriente y le pusieron un gorro de lana J). El café te lo hacían también a demanda lo que siempre es un descanso de los cafés típicos de buffet y, en una terracita hermosa y floreada sienta mejor.

 

Ala, todo dicho sobre el desayuno y con esas fuerzas nos vamos a la ciudad en Bus ya que, previamente habíamos decidido adquirir las tarjetas de las que hablé antes y que amortizamos muy bien. Como dije el autobús paraba a la vuelta de la esquina y en 5 minutos nos dejó en el centro junto al río donde, en nuestra primera “actividad”, queríamos subir a Untersberg, un macizo montañoso a unos 15 kmts de la ciudad donde en telesférico se sube hasta unos 1.800 metros y tienes unas vistas maravillosas de la propia ciudad así como del entorno de los Alpes “Berchtesgaden”, parte de los Alpes del Este.

 

Para ello teníamos que coger el autobús 25 (también incluido en la Salzburg Card) y nos paramos a mitad de camino para visitar el Palacio Hellbrunn y sus famosas “Wasserspiele”, unos jardines llenos de surtidores escondidos y juegos de marionetas movidos por el agua donde el Príncipe-arzobispo Markus Sittikus construyó este capricho para su disfrute, sinceramente, un lugar único en el mundo y donde el guía-troll nos sorprendía mojándonos cuando menos lo esperábamos.

 

Después de la visita a las fuentes, y dejando de lado el Palacio que hoy es el museo de artes y costumbres ya que no teníamos tiempo para todo lo que queríamos ver, volvimos a coger el bus y, ahora sí, llegamos hasta los pies del imponente Untersberg para montarnos en el teleférico y subir hasta que teníamos nieve a nuestros pies pese al calor sofocante que seguía haciendo. Allí paseamos un poco y disfrutamos, sobre todo, de las vistas de la lejana ciudad y de las montañas, nos tomamos un refrigerio y llegando la hora de comer bajamos de nuevo para volver a la ciudad empezando a notar ya seriamente la presencia del calor que tocó techo y donde, en unos autobuses sin aire acondicionado, nos estaban dejando mongos. Bajamos en la ciudad con pocas ganas de nada y decidimos que antes de gastarnos un pastizal en una comida que no íbamos a disfrutar el Whopper siempre es tu amigo así que nos metimos en un BK, comida rápida y de allí nos dirigimos a una de mis visitas deseadas, la casa-museo natal de Mozart, donde pude disfrutar viendo (y fotografiando en plan clandestino) el viejo y original clavicordio que tocaba el Músico en su infancia, así como su violín y (esto no era original, era un facsímil) la partitura última que realizó el genio, de su famoso Réquiem. Allí en el museo a Luk le sobrevino un ataque post-whopper y, viendo que teníamos tiempo y estábamos acalorados nos fuimos al hotel para una ducha rápida y un poco de relax, para volver de nuevo al centro (como dije del hotel al centro en bus eran 5 min.) y hacer las dos últimas visitas.

 

La primera, el museo de arte moderno de Salzburgo, que nos importaba -1 pero que está en la montaña cortada al borde de la ciudad y donde un ascensor te eleva hasta las más famosas vistas de la misma, donde poder fotografiar en línea la ciudad, su catedral y la gran fortaleza Hohensalzburg y donde intentamos inútilmente que un oriental, pese a su buena disposición y paciencia, nos sacara una foto decente. Al final no pudo ser.

 

Ya empezó a oscurecer y bajamos para la última visita después de un paseo por las últimas calles que nos quedaban por recorrer, las que están junto a la montaña, llegamos a la entrada al funicular (porque a pié iba a subir el tato) para escalar hasta la Fortaleza, miniciudad dentro del castillo (para el que no sepa qué es una fortaleza) y desde la que de nuevo se veía toda la ciudad al sur y el gran macizo al norte que por la mañana habíamos ascendido. Allí en la fortaleza nos tomamos la última del día mientras vimos como el tiempo empezaba a cambiar radicalmente volviéndose apocalíptico por momentos así que recogimos nuestras personas y ya de noche y con todo iluminado bajamos primero la montaña y luego por la hermosísima ciudad hasta nuestro ya conocido Bus 7 para terminar de nuevo en el precioso jardín del Rosenvilla a fumar el último pito y, tras un nuevo megabaño estirarnos cuan largos somos en la cama y esperar a que, ahora sí, el despertador sonase para otra ruta muy larga pero especial.

 

Y eso, claro, es otra historia.

 

NOTA: Las fotos están completamente desordenadas, qué le vamos a hacer

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European Tour. Días 11 y 1/2 del 12.

Esta entrada recogerá, como su título advierte, un día y medio. ¿Por qué?. Por 2 razones. La primera es que Viena no me da para contar mucho y la segunda es que Salzburgo sí, por lo que uniré a la capital austriaca la ruta previa a la llegada a la ciudad de Mozart. Y así empieza la crónica:

 

Estábamos en Munich, pero tristemente no por mucho tiempo ya que no nos hubiera importado alquilar unas bicis y echar un día más en el gran parque muniqués pero lo cierto es que salimos rumbo a Austria, hacia nuestro siguiente destino. La ciudad con nombre de pan o de salchicha. Viena.

 

En la frontera, como ya teníamos previsto tuvimos que comprar y pegar la viñeta, por 10 días (lo mínimo), necesaria para circular libremente por autovías y demás (con las excepciones que más tarde comentaré). 8,30 euros y palante. (Esto ya lo comenté en el viaje por Suiza al que volveré a referirme en una entrada posterior, pero lo repito. Me parece un sistema muy bueno y, a la larga barato para circular, mejor que en el chungo español y en el brutalmente abusivo francés). Bueno, nada más cruzar la frontera notamos varias cosas, en carretera. La velocidad máxima lógicamente baja (a 130) y va desapareciendo la cortés circulación alemana por un poco más española donde hay que andarse con ojo porque no siempre te van a facilitar las maniobras (como nosotros, aunque no tan catetos) y pasamos de Salzburgo, que está, digamos, a la entrada, por el norte de donde venimos ya que volveremos allí al día siguiente tras una buena ruta que narraré aquí, como ya he dicho. Así que sin más nos plantamos en Viena para encontrar como siempre gracias a nuestra fiel Mary la Pensión Wild donde nos alojamos en cuya misma puerta aparcamos en espera de indicaciones al garaje.

 

Un edificio muy bonito, como todos los de Wien, donde nos recibe en recepción un simpático y con bastante pluma austriaco (el hotel era gay friendly) que tras un rápido “gutentá” nos dice que si tenemos el garaje pre-reservado y yo que sí y él rápido a mostrarme el camino para dejar el coche y yo, bueno ahora veo, vamos a subir las maletas y él que si no prefiero mejor meter el coche en el garaje y después hacemos el check -in y yo ya mosca le digo… Porque en la calle… Es por horas… No? (como en todas las ciudades) y duda, ehmmm y me dice que hoy es gratis y yo digo hostia que es domingo!. Y pregunto, y mañana a partir de qué hora empieza, y responde que a las 9:00 y claro, que nanay del garaje y puso más que cara de enfadao, cara de “qué mal he quedao”.

 

Estoy abusando de anécdotas tontas ¿Verdad?. Pues es por ésto.

Viena: Pssssss, ni fu ni na.

A ver, es majestuosa, monumental, palaciega, imperial y todo eso, pero….. Como que no, tal vez sea que tiene tanto palacio uno junto a otro, que parece un parque temático de Alejandro… primero? No recuerdo. El río,tan bien integrado en otras ciudades, aquí está como en Bilbao antes de la remodelación de la ría. Para colmo hacía un calor de mil demonios, por momentos insoportable. En fin, que ahí os dejaré las fotos. Merece la pena verla pero definitivamente no es mi tipo de ciudad, no le vi alma. Sea como fuere la recorrimos de arriba a abajo y nos gustó bastante una basílica cuyo nombre no recuerdo ahora y un jardín de rosas de distintas variedades bastante interesante.

Y, eso sí, nos encantó el rato que pasamos en un evento que ya teníaos previsto no perdernos. Ver en la calle, en pantalla gigante en la puerta de la ópera de viena la función en directo, en este caso Die Walküre que por ser verano se puede y debe disfrutar quien pase por Viena (para mi gusto, claro). Terminamos agotados de andar y cuando finalmente regresamos al hotel caímos rendidos y con los pies dándonos bocaos así que cuando sonó temprano el despertador nos costó salir de la cama pero había que hacerlo pues nos esperaba una larga ruta así que desayunamos en la Pensión y antes de las 9:00 como estaba previsto salíamos de la ciudad imperial camino del sur de Austria, más concretamente Graz.

 

La ciudad es pequeña aunque tiene un bonito recorrido pero no nos aueríamos entretener mucho. Habíamos tardado más de la cuenta por las innumerables obras en las autovías del país, que ralentizaban bastante el tráfico. O la economía se está recuperando o quieren dar imagen de ello pero tanto en Alemania como en Austria los obreros tienen faena para rato.

 

Bajo un calor tremendo vimos Graz y me comí una Käsekrainer (ves? de esos nombres sí me acuerdo) que es una salchicha austríaca con queso en su interior cortada, deliciosa por cierto. Y tras la ingesta seguimos a un punto especial del camino.

 

Como sabíamos que íbamos a estar cerca de Eslovenia habíamos decidido acercarnos a Maribor, aunque eso supusiera una nueva viñeta (15€) para el coche y aprovechar para comer allí. De paso y si la encontrábamos, yo quería ver la Stara Trta, la vid más antígua que se conserva viva y dando frutos, con más de 400 años. La suerte quiso que la encontráramos, porque realmente estábamos buscando donde comer, lo que después de observar la noble planta conseguimos en un…. Mejicano!!. Sí señor, ir a Eslovenia a comer en un mexicano…. particular. Unos sabores bastante particulares pero que, francamente, nos gustaron mucho.

 

Y ya sin más preámbulos dejamos Eslovenia para volver a cruzar de sur a norte Austria y acabar en uno de los platos fuertes del viaje, Salzburgo donde haríamos 2 noches y donde yo tenía unas especiales ganas de ir.

 

Como quería regalarle una estancia especial a mi Luk había reservado un hotel con encanto que tenía muchas recomendaciones. Si duda no nos defraudó. Una amabilísima chica ataviada con tradicionales vestimentas nos dio la bienvenida y, por pronta reserva y no cancelación, nos cambió la habitación reservada por una suite deliciosa, con su colección de música clásica para ambientar y su habitación-baño para románticos chapuzones con complementos varios. Todo mu pijo pero que tras varios días de calor nos encantó (era lo buscado) y cuyo desayuno es conocido en el ciberespacio mundial (pero de eso ya hablaré en el próximo, en el especial Salzburgo que comienza aquí donde lo dejo ahora y terminará al final del día siguiente). Tiene mucho que contar. Ahora, las fotos de este día y medio. Viena, Graz y Maribor.

Viena

 

 

 

 

 

 

 

 

Graz

 

 

 

Maribor

 

 

 

European Tour. Día 10

Auf wiedersen Nürnberg! Que nos vamos a la capital Bávara, a München, a unos escasos 170 kmts. Se prevé una ruta rápida, solo retrasada un poco por varios atascos en las proximidades de la urbe. Pareciera que son provocados por pequeños accidentes, pero nos damos cuenta que no, que sólo son reducciones de velocidad periódicas donde, los veloces kamikazes crean el tapón y de paso, nos regalan la visión de un bonito crash moment en cada una de ellas. Nada de importancia que no arregle un buen seguro.

 

Anyway, nos plantamos en Munich y encontramos con rapidez el hotel donde hacemos un rápido check-in (estamos teniendo suerte y en todos los hoteles tenemos disponible la habitación antes de la hora) y tras un rápido garbeo por si hay sitio en la calle para aparcar gratis (las dudas que no me aclaran los viandantes que, aquí ya el inglés escasea hacen que desista y no tengo claro que “frei” es en deusche polisémico como el inglés “free”) y finalmente lo meto en el parking del hotel.

 

Hoy es temprano y ya estamos listos para la ciudad. Prima!!. Como el hotel no está en el centro vamos a coger nuestro primer U-bahn (metro) hasta el meollo y el primer momento del día. Qué tíquet coger? 20.000 botones que más o menos se pueden deducir pero el asunto es que va por zonas (círculos concéntricos al centro) y no tenemos ni idea de en qué zona estamos ergo, para cuántas zonas ha de ser el billete. Después de mirar unos mapas que poco me aclaran donde se ven las zonas pero ni zorra del siempre útil “usted está aquí” decido ir a una señora de una tienda cargado con la frase nº1 para quien vaya a Alemania (do you speak english?). Respuesta: Nain. Y miro a un chico que está al lado y su cara lo dice todo… Pues bien, a ver… Ich… Ich Will… go.. ab Centrum…?… Ticket.. Eghhhhmmm what zone ist!,?? Zwei zone?? (yo…yo…quiero… “ir” …ab centro.. Ticket,. Eghhhhhh que “zona” es!? Dos “zona”?) las “” eran en ingles. Y me pone cara de boniato y ella. Ja! (que es Sí, no que se riera en mi cara) Ja! Centrum, 4 4 indicándome el número de tren y yo, que no, que ticket, que qué zona… Total que la fraulen sale de la tienda a la máquina y nos enseña donde coger un ticket y el precio (5,5€) por persona y veo que es para 2 zonas y digo señalando “zone zone” como diciendo coño eso es lo que te preguntaba y a todo esto la Luk ya me acababa de decir que era la zona 2 que ve mejor que yo en un mapa (eso no es nuevo) así que todo chachi y nos dice la moza, señalando a otro botón raro.. Sie sie. Y nos señalaba y con los dedos, uno, dos, tres, cuatro, cinco…. Y veo algo com 6 uhrr que son las 6horas o 6 horas y nos hace entender que es un tíquet para hasta 5 personas y hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Por 10,5€ toma ya, ahí que vamos tras la que no sería la última anécdota del día en el U-bahn.

 

Según indicaciones del recepcionista hotelero nuestra parada era Odeonsplatz, así que 5 paradas después salimos al exterior para descubrir lo que más tarde supimos, que no podía ser normal tanta gente, tanta fiestuki y tanto… todo.

 

Nos recibió una ciudad monumental y, en la misma plaza, un mercado de oficios artesanales junto al primer escenario de conciertos y mesas corridas a tuti llenas de Bávaros con traje tradicional y jarracas cerveceras y salchichas por doquier. Pero esto qué es!. Es la fiesta de la ciudad?? ..Pues sí, el aniversario de Munich era ese 15 de Junio (600 y pico de años, nos dijeron). La ciudad parecía la feria de abril pero en calzones, tirantes, bigotes, escotes infinitos típicos alemanes y música por todas partes. Disfrutamos como niños y Luk más cuando entramos en una plaza entre palacios y estaba llena de niños haciendo talleres de oficios varios, pero de calidad, no en plan huelvano, ya me entenderéis los que sabéis de esto. Seguimos paseando con el cuello dolorido de mirar aquí y allí. Es una ciudad preciosa, de otra época. De tanto ver jarras nos entró el gusano y nos paramos en una terraza con sombrita (que estaba pegando un solaco de mil pares) para libar a gusto… Y entonces entró el hambre y, pasando del salchicheo cominos platos típicos y tan a gusto seguimos gastando el mapa hasta un mercado (otro) callejero pero este estable, donde se congregaba el summum de personas por metro cuadrado ( en todas las plazas hay esas mesas corridas con bancos para comer) y otro concierto donde nos paramos un rato ya que había un grupo de folk irlandés y lo merecían. Ahí entre el litro de cerveza que llevábamos encima cada uno y la música nos animamos con vítores y aspavientos pero, antes de que el solazo me dejara mongo total seguimos camino de las dos últimas paradas. karlsplatz y la estación pasando entre ellas por el jardín botánico y la fuente de neptuno. Todo, excepto la estación, merece la pena.

 

Llegó la hora del café y degustamos en un patio más de la genial repostería germánica para decidir qué hacer entonces. Era pronto para volver pero el pateo había sido monumental así que tiramos de mapa y vimos que al noreste, fuera del centro había una gran masa verde que ya antes de salirse del mapa era más grande que todo el centro de la ciudad… Mmmmmmm vamos? Yo tenía dudas porque directamente no nos dejaba allí el metro pero la siempre acertada Luk me convenció y de nuevo bajo tierra para salir en la platz de Santa Ana y caminar hasta la estribación sur del llamado Parque de los Ingleses. De camino mucha gente venía de vuelta con pinta de haber estado en la playa…. Ein?… Y cuando llegamos lo primero que vimos nos dejó de piedra. ..

 

.. A ver como lo explico, el parque era cruzado por un buen río y sus brazos, justo a la entrada formaba unos rápidos muy pronunciados donde… Había surfistas!!!! 8 o 9 neoprenados mozos, a ambas orillas se turnaban para coger olas, unos con más arte que otros y muchos, como nosotros, observando y haciendo fotos con los ojos como platos. Cuando nos repusimos del momentazo empezamos a adentrarnos entre ciclistas, domingueros, gente a tuti hasta que se abrió una gran llanura sólo antes vista en el neoyorkino central park. Realmente este ha sido el único que hayamos visto que estaba a su altura. Miles de personas disfrutando del día de sol. En bañador, pedaleando, leyendo, durmiendo, jugando a todo tipo de deportes, bebiendo vino a la francesa… No me entretendré mucho que las fotos, como siempre, dan una ligera idea. Andamos durante un buen rato por mil caminos, llegamos hasta una construcción china bajo la que una nueva combinación del pack “concierto-hordas-mesas-birras-carne” se daba lugar. Decidimos pues terminar nuestro bucólico paseo y como comprobamos que nos habíamos salido casi del mapa y por esa zona sí había metro cercano lo tomamos para transbordar en el centro y en el interin tomar la última. Pero antes, la:

 

GRAN ANÉCDOTA DIARIA

 

Nota previa: Creía que pasó en este viaje de metro pero me acaba de recordar Luk que fue en el trayecto previo del centro al parke. Sea como fuere:

 

Situación: estamos esperando que llegue el tren, junto a 3 chinas en cuya via pueden llegar dos números, el 4 o el 5. A nosotros nos interesaba el 4. Este dato es importante.

Llega el U-bahn(metro) y nos vamos a montar y justo digo.. Pera! Este es el cuatro? Así que luk mira la trasera (era el último vagón y dice Si!) y yo ni corto ni perezoso me meto justo para oir a mi espalda Antonio Antonio!, que?, digo girandome para comprobar que entre Luk y yo el aire es cortado por las puertas cerradas del vagón y entonces se produce en cuestión de segundos un hecho suficientemente revelador de la diferencia entre la mímica y la lengua de signos y que usaré sin duda en mi próximo taller de comunicación lingüística.

 

Ubicamos la cámara en el interior del vagón para verme extender la palma hacia luk y posteriormente poner el índice horizontal y hacer el rulito. El tiro de la cámara no permite ver mi cara pero, ya en el segundo plano, desde fuera del vagón luk observa el doble movimiento junto con mi cara que es con el labio de abajo sobre el de arriba y los ojos transmitiendo tranquilidad o, lo que es lo mismo, la cara de Earl Hicky ™. En ese momento hay dos interpretaciones a elegir en los 4 segundos que dura la escena. La primera, la que yo, creador de la coreografía, pretendía transmitir, a saber “tranquila nena, coge el siguiente”. La segunda interpretación es la que al otro lado de la puerta veía Luk, que es: “espera nena, que volveré”.

 

A todo esto, las chinas, que se habían montado conmigo me miraban mezcla de A) comprensión empática o B) comicidad de la situación, al no saber ellas el grado de habilidad para resolver la situación en un breve lapso que esa pareja de guiris (nosotros) tenía.

 

A mí no se me ocurrió otra cosa que exclamar “Ich bin frei!!” (soy libre!!) lo que provocó pasar toda la energía a la opción B) y en eso llegó la siguiente parada donde obviamente me bajé pues en las dos interpretaciones este punto resultaba común y crucial.

 

A estas alturas el lector tendrá una idea bastante precisa de lo que ocurrió. Yo esperé paciente que pasara el nº5 que suponía no habría cogido Luk y cuando llegó después el cuatro miré y no la ví pero no obstante me subí en lo que hubiera sido el más difícil todavía o la gran cagada si no fuera porque cuando ya tocaba la bocina una vocecita interior me dijera “sal de aquí membrillo!!!” lo que hice cual McGiver en el último plano de la intro…. Y allí me quedé, en la estación, más confuso que los votantes del PP viendo las cifras del paro hasta que caigo en que llevamos móvil. Enciendo, llamo y Nain! Habrá cobertura aquí abajo?. Insisto. Que Nich!!. Sms. Error. …. Hasta que de repende. Pling! El número de su amada ya está disponible… Quilla onde estás?.Stop. Y tu? Pues no quedamos en que si pasaba algo de esto el que se queda se espera a que vuelva el otro?.stop… Esto…. Eso lo dijimos antes de que me pusieran la máquina pa dormir no?.stop.. Si..stop… pues no me acuedo. Bueno, pues coge el siguiente.. Pero bájate en la próxima. No esperes que suba, .findelaconversación.

..aunque, nos vimos fácilmente y me subí y sería el fin de la anécdota si no fuera porque comentando la jugada se nos pasó la parada y tuvimos que volver otra vez pero eso ya es abusar de su paciencia, así que FIN DE LA ANÉCDOTA DEL DÍA.

 

Tras esta pausa volvemos a lo que estábamos. Llegando de nuevo a la Odeonsplatz y desde la que andamos buscando un buen lugar donde tomar la última volvimos a la majestuosa Marienplatz donde bajo la imponente y barroca fachada que la domina reposamos nuestro ya cansado cuerpo. Finalmente y con el sol poniéndose y algunos nubarrones acechando penetramos por última vez bajo tierra para volver al Hotel, viendo al salir de la boca de metro que esos nubarrones se cerraban sobre nosotros.

 

Poco después empezó a sonar tras las ventanas la lluvia nocturna de la que no recuerdo casi nada porque caímos redondos de un día verdaderamente andarín y caluroso. De hecho escribo estas últimas líneas un día después, en la noche Vienesa por lo que llevo un día de retaso. De todos modos mañana, que tenemos muchas horas de coche me pondré, espero, al día, toda vez que el de hoy no dará para tan largo relato como éste que acaba aquí.

 

Ahora las fotos

 

 

 

 

 

European Tour. Día 9

Sin duda hoy ha sido un día cargado de sorpresas. Grandes descubrimientos.

 

El primero fue en ruta. Salimos temprano tras desayunar en el hotel en Frankfurt, dirección sur hasta nuestro segundo destino germano. Nürnberg.

 

La ruta era corta, apenas 275 kmts. Y el camino, la autobahn A3, así que se preveía un rápido tránsito, hasta que a mitad del asunto vemos un cartel de esos que te indican los pueblos cercanos y alguna silueta ilustrativa del highlight del lugar indicando: Lohm am Main. Pero visto de reojo, ambos decimos… “Oye no era blancanieves la que salía en el cartel?.. Pozi, creo. Había la silueta de un castillo no?…”. Y coincidimos en que, aun habiéndonos pasao la salida, buscaríamos camino para ver qué se cocía por allá. Gran decisión!!. Tomamos un camino y el gps mostraba lo que veían nuestros ojos, todo verde alrededor.

Bosque internatus y de vez en cuando casas de cuento, hasta que finalmente llegamos al lugar para terminar en una plaza con una suerte de castillete donde, casualmente una chica caracterizada como la señorita del cuento de la manzana, acompañada de 7 niños deleitaba con una historia imposible de entender para nosotros, a los allí presentes. Tenía un regusto poco turístico a tenor de la actitud y dulce inocencia de las criaturitas que cantaron como pudieron una especie de canción infantil, alguna ayudada de su madre.

 

Nos dejó, eso sí, claro, que algo tenía que ver el lugar con el famoso cuento pero nada más sabemos ni sabremos hasta leer algo del asunto. Sin más dejamos la plaza para adentrarnos por las callejuelas y voilá!!. Un pueblo de cuento nos engulló. La típica arquitectura que estamos viendo por Alemania pero en versión rural y entre bosques, con el ya conocido río Main como testigo. Se pararon los relojes el tiempo que nos apeteció pasear, tomarnos un refrigerio y de paso comprarme en una tienda unos calcetines que falta me hacían y un par de camisetas que, pese a la etiqueta, costáronme 3’95€ cada una!. Como tenía que conducir dejé sola a Luk con sein bier (su cerveza) y me tomé un batido de fresa y mango que no aporta nada especial al relato pero que lo meto como el 90% del mismo, de relleno.

 

 

(el primero que adivine la gracia de esta última foto de Lohm se lleva el premio)

Seguimos el camino y para volver a la Autobahn la carretera nos guió junto al río por lugares que no fotografiamos porque hay cosas que se deben disfrutar en su enterismo y finalmente, tras un pequeño atasco propio de, supongo, la hora y el día para entrar al centro de Nürnberg llegamos, con algún que otro despiste (me equivoqué de hotel y llegué a un Ibis cerrado por reformas) encontramos nuestra guarida nocturna por un día. Coche al parking y pateo con hambre pues de nuevo coincidía hora y acto con la jornada anterior.

 

Habiendo triunfado cual Nadal la víspera con el concepto Bratwurst buscamos algo similar y dimos con una coqueta terraza junto a San Esteban (no recuerdo ahora el nombre alemán) para entonar el Prost! con diversas variedades de la autóctona comida teutona, un poco más localista pues ya añadían pretzels al acompañamiento que parece (de nuevo mi ignorancia previa deberá ser suplida con lectura) que la comunidad judía tiene historia e importancia aquí, del que solo tenía campanas por los juicios llevados a cabo en la ciudad tras la nefasta gran guerra.

 

Antes, habíamos hecho una idea aproximada de la misma según el mapa que nos proporcionaron en el hotel. Las fotos que previamente se ven en Internet y que nos ayudaron a elegir la parada para nada dan idea de lo que se va uno a encontrar. La segunda gran sorpresa. Una gran ciudad-fortaleza, perfectamente conservada, cargada de patrimonio histórico y cultural y con una vida impresionante. Me costaría describirla así que pondré bastantes fotos que, igualmente, no le hacen justicia.

 

Fue un paseo largo en intensidad, que no en extensión y recorrimos sin prisas cada rincón que aparecía ante nosotros para termina, rodeando por la muralla, en una calle cuyo nombre, Frauentormauer nos parecía dar una pista de lo que nos encontramos (sólo podía traducir su primer tramo, frauen (mujeres)) ya que en cada casa, en cada ventana, una señorita se apoyaba mostrando generosos y germánicos escotes en ropa interior. Más de un ciento se ofecían en cuerpo, que no en alma, a quien pudiera y quisiera requerir de sus servicios. Un red district a lo medieval donde algunos pocos hombres, sin pudor alguno, apoyados en la muralla se deleitaban con la visión directa de tamaña exposición de cuerpos serranos. Pasamos cuan larga era la strasse (no encuentro en el teclado del ipad el caracter que sustituya a las “ss” para una mejor aplicación de los escasísimos conocimientos de alemán que he adquirido previamente) decía, antes de la acotación filológica que poco tiene de interés más que para mi propio ludoliterario capricho ya que no olvido que esto es, por encima de todo un diario personal aunque nunca podré rogar suficientemente perdones por estas contínuas salidas de ruta que me obligan, de nuevo y por tercera vez a retomar el… Decía, que pasamos la larga y pechugona calle hasta que salimos de la ciudad-fortaleza y volvimos, ya oscureciendo, al hotel para aprovechar la cafetería y saborear la última Bier del día mientras navegábamos por el cibercosmos para subir al blog las dos últimas entradas del diario y terminar charlando un rato con el camarero, José, natural de mi querida y vecina Portugal, y coger el Aufzum (palabro a aprender por todo aquel que quiera fastidiar al que le cuente el chiste de “¿Cómo se dice ascensor en alemán?) y retirarnos a descansar que mañana toca München; y Munich, que es lo mismo, es grande para un día que tendremos antes de entrar en Austria así que en 7 horas y media, que las campanas están tocando la medianoche…ring ring!.

 

Hasta entonces, se despide un servidor herr filalongaa, que aquí me llaman.

 

Prost!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

European Tour. Día 8

Willkomen auf Deuschland! (o como se escriba). Alemania nos recibió de múltiples maneras… Pero antes déjenme contarles que ese día nos levantamos temprano en nuestro hotelito principesco, nos desayunamos por última vez con la música clásica que nos ponía nuestro amigo Dave (alias Valeri Karpin) cada mañana y, tras despedirnos de él y pagar, lógicamente, la cuenta, nos fuimos paseando el corto tramo que nos separaba de la parada donde el tranvía 14 nos llevaría a Van de Loomersplaintz, donde se encontraba nuestro cochecito esperando en el P+R. Pagamos los 24€ debidos por los 3 días de parking y salimos guiados por la Marien a la ronda que nos sacaría de Amsterdam hasta más ver dirección Frankfurt am Main pasando por Köln (Colonia). Unos 400 kmts. de camino de los que aproximadamente 100 eran en los Paises Bajos y el resto ya en Alemania. Andaba al acercarnos a la frontera con la cámara preparada para la típica foto del cartelito cuando nos damos cuenta que acabamos de cruzarla y no nos da tiempo a comentar la jugada cuando un coche de la polizei nos adelanta lentamente, se nos coloca delante y enciende un cartelito intermitente que rezaba, alternativamente, algo como POLIZEI – FOLGEN. Le digo a Luk conductora, que también se percató, -creo que nos están parando- y ella, eso parece, si? No? Pero la poli no se paraba, aunque iba lento y con el intermitente a la derecha así que hicimos aspavientos elocuentes como si estuviéramos confusos, que lo estábamos, pero que se notara, a lo que nuestros freunds uniformados respondieron encendiendo levemente las luces azules. Ok, parece claro, y vemos que se salen de la autopista y nosotros detrás más rallaos que José el Francés intentando cantar algo que no sea “Fuera de mí” hasta que se paran y hacemos lo propio. Se bajan dos rubios y una rubia muy monos ellos, (sin juegos de palabra) y nos preguntan de todo y nos piden de todo. Miran y remiran y yo me bajo del coche para coger los papeles que estaban en el maletero. Mientras comprueban cosas yo, que soy así de boniato les pregunto “is this a standard stop or there’s something wrong?” a lo que me respondieron que no, que era la frontera NL-DE y que paraban de vez en cuando con lo que me relajo y les hago la pregunta-membrillo que me corroía por dentro “… Only for curiosity,… Folgen is stop?..”, sonríe y contesta, “it is follow”… Ahhh, ya, claro. Y me metí pal coche mientras le decía a Luky -Policía, síganos, como pa entenderlo”. Y para demostrar simpatía nos dejan girar allí mismo en redondo y volver a meternos en la autopista camino del segundo recibimiento tras este primero administrativo

 

El segundo lo viví perplejo yo solito ya que fue en un área de descanso mientras mi querida compañera de fatigas y de amores liberaba liquidos, en una zona sólo con árboles y un modernísimo WC (después hablaré de ellos) en una mesita cercana hay dos señores entrados en años. Yo estoy en el coche esperando y se me acerca sonriente uno de ellos, mira la matrícula y me pregunta en un regulero español si hablo alemán. Le contesto que sorry I do not y balbucea eimmm ainn y pasa de preámbulos y me saca de una carpeta una…. revista de Atalaya!. Comorrrr?!?! En plena autopista la iglesia evangélica me da la bienvenida a tierras teutonas y me invita a su rebaño!…. Casi que no puedo contener la risa pero hago el esfuerzo y le suelto en versión internacional mi frase infalible contra Testigos varios (de la que recomiendo tomen nota los que no sepan cómo librarse de sus arengas -El rincón de Alesín, educa y entretiene-) “sorry, I am Catholic (remarcando el “Católico”, si,ves que no será suficiente añade “Apostólico y Romano” y marcharán raudos por donde vinieron) como hizo mi amigo alemán comprendiendo que al ateo que soy puede intentar venderle la moto pero a otro sectario del barsa no vas a colarle un carnet del madrid.

 

Volvió Luk más desahogada y mientras le contaba el segundo recibimiento y ella poco a poco iba recobrando la compostura seguimos camino para llegar a nuestro destino. La ciudad con nombre de salchicha gorda. Por el camino, comprobamos dos cosas, los cochazos que se gastan por aquí y la amortización que hacen de su potencia. Harto conocida es la libertad que existe en las autopistas germanas para, en condiciones normales, dar rienda suelta a la velocidad terminal. 3 carriles donde el de la derecha suele estar poblado de camiones bastante veloces, el del medio para adelantarlos y, a ser posible volver al carril porque por ese y sobre todo el izquierdo van pasando una suerte de estrellas fugaces, la mayoría de la constelación Audi aunque Porsches, Mercedes, algún Ferrari y unos pocos Bmw, nacionales pero, se ve, en su mayoría exportados a catet… a conductores de otras nacionalidades. Y eso que la gasola es carilla en comparación con la nuestra, (el Gasoil más equiparado). Se ve que hay poderío.

 

Ah, caray!. Que ya me plantaba en Frankfurt sin contaros lo de los WC!.

 

Al igual que en otros países del norte visitados suelen ser de pago. O bien con cestita y señor/a mantenedor/a o bien, como en nuestra siguiente parada en área de servicios, con “entrada de metro” con sus tornos y todo. 0’70€ por cabez… por culo que a tenor de la limpieza (cagar en una estación de servicio española es comprar papeletas para comenzar el Apocalipsis Zombie) merecen la pena. Impolutos se hallan y se dejan ya que, tras la deposición (en mi caso, y aunque el detalle es fútil a la par que desagradable, cuantiosa) pasas la mano por un sensor y mientras el agua se lleva esa parte no deseada de ti un brazo se posa sobre el disco apoyatrasero y éste gira 360º para recibir con deleite a lo largo de todo su perímetro los mimos electrohigiénicomecánicos, “UNO se alegra de ser útil”, que diría el otro.

 

Salimos ambos cual catetos comentando el mecanismo y Luk hubo de confesar que gastó el doble de recursos energéticos en pro del séptimo arte, vía smartphone, claro está.

 

Y ahora sí, Frankfurt nos recibe, a las 4 de la tarde con más hambre que la Trini haciendo Check-in en nuestro Ibis Centrum, dejando el coche en el Parking, que en estas ciudades es lo mejor y tras comprobar la bien equipada Zimmer (habitación) nos vamos dando un mediano pero precioso paseo por el río que da apellido a la ciudad (Frankfurt am Main) río Main en original y Meno con subtítulos en español hasta la zona vieja, pequeña pero bonita para, desesperadamente hambrientos meternos un cervezazo alemán y una Bradwurst de campeonato (Luk de ternera y yo de cochino) coincidiendo ambos que, pese a estar ambas de muerte, la suya ganaba la medallita. Contundente el refrigerio hasta el punto de saciarnos y eso que estábamos dispuestos a un segundo round de una carne con una pinta exquisita. Inflados y viniendo de Amsterdam, los 9,40€ que costó el condumio nos pareció un regalo, que compensamos al sector gastronómico de la ciudad encontrando un mercado de alimentos típicos que nos regaló una especie de pastel indescriptiblemente bueno que empalmamos con otro más cafelereles ya en un horno cercano.

 

Todo iba bien (y lo fue hasta el final, que no sé por qué esta frase parece conducir hacia un final nefasto) y Luk que había hecho algunos deberes me dijo que, en la visita turística no debía faltar una entrada de metro (U-bahn) diseñada como un viejo vagón introduciéndose en el asfalto y, aunque estaba a un rato de camino fuimos haciendo una ruta donde vimos todo, parques, casas antiguas, jardines e iglesias, un curioso cementerio en medio de la calle y, algo propio de Frankfurt, los copiosos rascacielos que la pueblan. Me flipó sobre todo el del Banco de comercio y el del Banco Chino de la construcción, pero había de todo, y con una arquitectura bastante original, todo hay que decirlo.

 

Vimos finalmente el curioso vagón y terminó nuestra ruta en la enorme Estación Central, que sería muy hermosa si no fuera por el innumerable montón de locales de comida rápida que, en su interior, daban más apariencia de casino de Las Vegas. No merece la pena, a mi entender. Y de allí nos fuimos a una plaza preciosa a tomarnos una, estábamos seguros pero nos la repamplinflaba cara cerveza en la terraza de un hotel cuyo nombre no creí importante recordar. Sí el momento que, acompañado del memento recogido, el enésimo posavasos cervecero, nos cogió en medio de un cambiazo repentino… Pero repentino oigan! de tiempo. Habiendo hecho un calor sofocante todo el día con la oscuridad llegaron nubes negras como el futuro de España y un viento 3 puntos más que huracanado que hizo recoger a toda prisa el paraíso bucólico-gastronómico donde nos hallábamos y que, con los vasos vacíos y the bill already paid nos fuimos a ritmo de polka a nuestro ya cercano hotel para aprovechar la habitación de fumadores y viendo el verde jardín que nos muestra la ventana ser sacudido por una lluvia generosa! escribir estas líneas y darle al intro final, a la espera de poner mañana las fotos decorativas que no ilustrativas de lo acontecido ya que aquí el Wifi solo es gratis en el Lobby y es probable que si aparezco en gallumbos orondo cual soy y estoy reforzando termine con un señor o señora con porra delante mía con un cartel a la espalda diciendo, FOLGEN, y si es señora y está como la de esta mañana, no se yo si hacerme el sueco con eso de las confusiones del idioma…

Descansen, como yo, que este ha sido largo. Bis bald!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

European tour. Ámsterdam. Días 5, 6 y 7

Mentiría si digo que he agrupado los 3 días de nuestra estancia en Ámsterdam por otra cosa que no fuera pereza pero, de cualquier modo, aprovecharé la coyuntura para cambiar el estilo cronológico habitual y hacer esta entrada tipo miniguía de la ciudad (la otra) de los canales. Así que ahí vamos, esta vez, por partes.

 

Transporte.

 

En el mapa proporcionado por el hotel decía una nota que el 35% del tráfico en la ciudad es en bicicleta. Creo que se queda corto. No exagero si digo que hay más bicicletas que personas (Nota actualizada: Efectivamente, por 800.000 habitantes hay 1.600.000 bicis). Ya sabemos, por las fotos, que es abundante, pero in situ resulta abrumador el número de ellas estacionadas en todas partes. No creo equivocarme al pensar que mucha gente ha de tener varias repartidas por la ciudad, a tenor del estado en que se encuentran muchas, a todas luces, sin usar hace meses o años. Como curiosidad, junto a la estación central hay un megaparking de bicis y un ferry abandonado repleto también de ellas.

 

La ciudad, eso sí, ayuda a ello. La bici es la reina, la prioritaria y circula, aunque el carril bici es omnipresente, por cualquier parte. Se venden, se reparan, se alquilan, por toda la ciudad. Esto hace, lógicamente, que en un lugar tan laberíntico resulte cómodo para los pocos coches que se desplazan y aparcan por el centro. Los ciclomotores usan el carril bici igualmente.

 

También ayuda una red de transporte público ejemplar (común en el norte de europa) siendo el Tranvía un gran medio, aunque bastante caro (2,80€ billete para 1 hora, 7 y pico por 24 horas).

 

En cuanto al aparcamiento, caro en plan zona azul, ofrece una alternativa magnífica, el Park and Ride (P+R) que utilizamos nosotros. A lo largo de toda la circunvalación hay lugares (centros comerciales, estadios deportivos,…) que, por 8€ el día te ofrecen parking y transporte hasta y desde tu destino. Dejas el coche, te dan un bono por cada viajero para que cojas el tranvía, el bus o el tren a tu hotel, cuando te vayas vuelves a usarlo hasta el parking y 8€ por cada día que hayas estado (un máximo de 4 días, para nuestro caso, perfecto).

 

Para moverte por la ciudad, el paseo es recomendable ya que no es demasiado grande aunque por 15€ las 24h alquilas una bici con seguro de robo. ¿Qué más se puede pedir?. Nada, lo mismo que queda por decir de este punto, así que al siguiente.

 

Alojamiento.

 

Aquí hablaré, por razones obvias, de nuestra experiencia. En un principio pensamos coger un hotel a las afueras pero finalmente (y afortunadamente) decidimos alojarnos en pleno centro. Nuestro Hotel Prinsenhof resultó genial. Un típico edificio amsterdamer en un canal. No estuvo mal de precio, para el lugar donde se ubica, para mi gusto, la zona más bonita de la ciudad, la medialuna de canales pequeños, puentecitos y flores, céntrico pero alejado de la bulliciosa plaza Dam y alrededores. Un buen desayuno incluído (que parece una tontería pero lo recomiendo totalmente por estos países ya que la restauración no es cara, es carísima pudiéndote costar un expresso pequeño 3 euros). Nos llamó mucho la atención la arquitectura interior, ya que son edificios muy estrechos por lo que, cuando entras, has de subir una escalerita tan empinada que tiene ubicado un sistema de poleas para, la primera vez que llegas, que no tienes aun llave, poder abrirte desde arriba tirando de una cuerda. En resumen, un trato genial y muy recomendable, repetiría, (y repetiré).

 

Idioma e idiosincracia

 

Oficiosamente, el Inglés es el idioma nº 1. Una ciudad tan turística te recibe con un Hi! allí donde vayas. Un inglés, además, tan internacional que resulta muy entendible y comunicarse es, para el que chapurree un poco, facilísimo, (hasta Luk, que es cerrúa para eso ha hecho buenos pinitos :)). El Español, aunque no en todas partes, puedes encontrarlo en muchos sitios lo suficiente para que el que no sepa nada de nada no se encuentre desamparado). La gente, en general, nos ha resultado muy amable y con sentido del humor (cosa que no siempre se encuentra por el norte) aunque hay de todo y también se ve mucha gente que va a su bola e incluso malaje pero, aunque uno perciba en principio un talante serio no debe presuponer la malafollá, al entrar en faena puedes encontrar un o una figura. Hay que dar una oportunidad.

 

Gastronomía.

 

Internacional. Hay cosas típicas y, obviamente, el queso es una de ellas. La cerveza otra (aunque no tanto como en bélgica) y el pescado creo que también es algo que consumen los autóctonos a tenor de lo que he creído ver, pero en el momento que escribo esto aun no lo he probado (aun hay tiempo). Los rollitos de Emmenthal frito y unas albóndigas de ternera con mostaza, que es lo que hasta ahora hemos probado, digamos, no internacional, resultaron un éxito. La cerveza que manda aquí lógicamente es la Heineken, aunque la Amstel también se sirve bastante. El café, mejor tratado que en Bélgica pero sigue sin ser el nuestro ni de lejos. Los precios son realmente altos. Se nota que hay un gran nivel de vida. Es lo que hay, aunque siempre se puede tirar de comida rápida el estómago no te lo agradecerá si no varías. Como siempre, el término medio para estómago y bolsillo se llama restaurante italiano, aquí y en Pekín. Por último y como consejo, recordad que es una ciudad turística y en más de un lugar no dudarán en intentar colaros una cerveza tamaño familiar o engañar con el precio de menus (diferencia entre el cartel-reclamo en la puerta y el precio en carta) así que no dudéis en preguntar, asegurar.

 

Nota: A diferencia de otras ciudades turísticas, no hay recargo por estar sentado en mesa o en la terraza. El precio es el precio. Tampoco esperan propina obligada, no te mirarán mal por no dejar nada. Ya es bastante cara, recuerden.

 

Tipicalismos

 

Qué fino me ha quedado,… Drogas y putas, vaya. De ninguna hemos consumido. Los coffe shop, único lugar donde consumir maría legalmente nos sirvieron para poder fumar en interior (nuestro tabaco) aunque si vienes a Ámsterdam has de tener cosas en cuenta respecto a los CSH. Cada uno tiene sus reglas. En muchos no se puede beber alcohol, solo marihuana (comprada allí o tuya propia), tabaco y bebidas no alcohólicas. En otros sólo vino y cerveza más lo de antes. En otros sólo puedes consumir drogas compradas en el mismo local no pudiéndote ni siguiera fumar un cigarro tuyo. En fin, para todos los gustos. Mejor entrar y preguntar. Para el curioso pero temeroso, decir que no son lugares lúgubres. Un bar normal de gente normal donde tomarte simplemente un café, eso sí, oliendo a peta (pero vamos, eso lo vas a oler todo el tiempo que estés por el barrio rojo, aun en la calle).

 

En cuanto a las prostitutas, me dijeron que resultaba triste verlas tras los escaparates y, en parte es así, concretamente en una tercera parte. Yo las categorizaría en 3 grupos. El primero, las que realmente me dieron cierto apuro. Parece que están incómodas y te hacen pensar en el lado oscuro de la prostitución. Tienden a quitar la mirada y digamos que su actitud te hace recordar una mera exposición de carne. Un poco triste, la verdad. El segundo grupo es el de las profesionales, las n°1, las que se lucen, tocan el cristal llamando a la potencial clientela, hacen carantoñas y se las ve, no felices, sino, como digo, profesionales. Aquí me recuerdan al concepto de un trabajo digno, y desde luego ese es más digno que el de banquero (que no bancario) y a años luz del de político, y lo siento por mis amigos dedicados a ello, que los tengo y son buena gente pero, en un trabajo donde te obligan a mentir no se puede esperar comprensión. La putas también mienten, eso sí, pero, supongo y no creo equivocarme, te hacen pasar un buen rato, así que te mienten, pero no te engañan. Y antes de que penséis barbaridades de mí os lo pongo fácil, hacedlo, ya que nunca he usado del oficio más antiguo del mundo, pero en mi juventud voté en un par de elecciones. Pecador soy, penitentia!.

 

Y dejo para el final el tercer grupo. El más raro en todos los sentidos. El de las que están ahí como haciendo calceta. Hablando por el móvil o chateando, con cara de hastío, pasando de todo. Coincide con lo más bizarro del asunto. Señoras con un físico digamos….. que el que va a hacer uso de sus servicios sabe a lo que vá y lo mismo les da lucirse porque, la verdad, lucir lucir, no lucen mucho. El circo ha llegado a la ciudad, pasen y vean!.

 

Huelga decir, para terminar, que a las señoras de la vida no se le pueden hacer fotos. Y añadiría un no se le deben, que sean del grupo que sean están haciendo su trabajo, y el que quiera hacerles fotos, que pague, que seguro que los planos son mucho mejores.

 

La ciudad. Paseando

 

La ciudad, sin duda está hecha para estar en la calle. Terrazas everywhere, bonitos paseos, puentes… A nosotros nos pareció bastante complicada para orientarnos. De primeras es muy difícil quedarse con el nombre de las calles, por el idioma, y como se orientan en base a los canales y éstos son curvos tiendes a, nunca mejor dicho, perder el norte. Por otra parte casi todos los canales principales (de la medialuna comentada, formada por el Hersgracht, el Kaizergracht y el Prinsengracht) tienen el mismo tipo de casas, puentes, canales que lo cruzan… con lo que es fácil perderse, cosa que por otra parte es una delicia. Lo suyo es quedarse con bares, plazas o alguna tienda como referencias, aunque en poco tiempo te harás con los nombres de las calles que te sirvan.

 

Si te gusta lo verde no te puedes perder un paseo (o un día entero) por el Vondelpark, al suroeste de la ciudad, cerca del Rijksmuseum y la famosa plaza con el museo Van Gogh al otro lado y las letras gigantes “Iamsterdam”. Vondelpark es alucinante, bicis, corredores, todo tipo de deportes al aire libre, zonas para hacer barbacoa, lagos, gente leyendo, tirada, tomando algo,… de todo. Si alquilas una bici lo disfrutarás aun más, es muy grande, pero toda la ciudad se hace pequeña en bici, y es muy fácil salirte de ella si vas, como nosotros, sin destino fijo, sólo disfrutando.

 

Frente al mencionado Rijksmuseum, al norte y un poco al oeste hay un barrio de lo más variopinto y cultural. Teatros, conciertos, galerías de arte. Ahí se ve la gente más, digamos, alternativa (dentro del pijerío predominante). Bonitas terrazas donde los autóctonos buscarán el más pequeño rayo de sol para ponerse bajo él. Autóctonos que, por cierto, hacen honor a su fama de gente guapa. Hombres y mujeres. Aparte de maqueaos, un rato observando al personal es ver un pase de modelos. Sobre todo en los parques donde, aparte de deportivos son la gente del lugar porque hay cientos de nacionalidades diferentes. Según dicen, es el país donde se agrupan más nacionalidades, por eso decía que es fácil comunicarse en un inglés estándar.

 

Cultura.

 

Hay de todo pero no puedo contar gran cosa ya que no fuimos a eventos ni lugares salvo el mencionado Museo donde encontrarás las principales obras de la prolífica escuela holandesa, con mención especial a Rembrandt y Vermeer, aunque es más que una pinacoteca y tiene una colección de arte oriental fantástica, así como salas dedicadas a la navegación y a las armas. Como nota curiosa tiene una sala dedicada a Goya y uno de los más famosos autoretratos de Van Gogh (el resto está, lógicamente, al otro lado del parque, en su propio museo). Como anécdota decir que tuvimos suerte y la entrada nos costó la mitad (7,5€) por ser usuarios de ING, tu otro banco, que diría Matías.

 

Ah! Que se me olvidaba. Si pensáis dar una vuelta en barco por los canales, cosa que recomiendo porque es muy bonita, no es demasiado cara, (hay mucho donde elegir) y sobre todo no deja de ser una ruta turística donde te contarán muchas cosas interesantes de la ciudad y su historia, es mejor que lo hagáis al principio de vuestra estancia. Nosotros lo hicimos la última tarde y probablemente, de saber lo que aprendimos allí hubiera sido más enriquecedora la visita. Como dato útil, en el muelle principal, entre la Plaza Dam y la estación central, encontrarás alineadas todas las compañías que ofrecen cruceros, con info. de precios y opciones. Nosotros cogimos una (no recuerdo el nombre) de una hora con audioguía en todos los idiomas por 15€ pp pero hay desde paseos nocturnos con cena incluída hasta pases (drop on drop off) para subir y bajar cuanto quieras durante 24 horas en paradas a lo largo de toda la ciudad.

 

Y esto es todo por hoy. Sé que hubiera sido más divertido contar nuestras peripecias día a día, anécdotas, encuentros,… que hubo mucho de todo pero sería muy largo y escribir con el ipad es un coñazo, sobre todo cuando llega uno a la cama cansado. Para el próximo viaje me llevo un teclado sí o sí. Y bueno, a partir de ahora volveré al diario, que nos queda una hora para llegar a Frankfurt, ya en tierra alemana y solo con el recibimiento de la polizei nada más pasar la frontera merece la pena volver a los pelos y señales.

 

Bis bald!! Schüss!

 

Y ahora, fotos de la ciudad del dique (Dam) sobre el río Amstel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

European tour. Día 4

De Brujas a Amberes, nuestro destino hoy, no hay más de 100 kmts. por lo que no vimos necesario darnos el madrugón. No obstante a las 8:00 estábamos despertando y procedimos a la ducha, en esta ocasión, comunitaria ya que nuestro hostal no contaba con baños privados, ni falta que hacía. El agua, eso sí, debía proceder de capas magmáticas porque le faltaba un punto y medio para hervir así que tuve que ir abriendo intermitentemente, toda vez que no era posible regular la temperatura. Luk me contó que la suya era humana, y yo que me alegro.

Duchaditos bajamos al bar (que en esencia era toda la planta de abajo-recepción) para desayunar, ya que estaba incluído. Café y pan con Philadelphia y paté. Suficiente.

Los guir… los otros guiris le daban al cereal, se ve que va bien pa la resaca y con estas recogimos los bártulos y al coche que, con ayuda de la Mary (gps) nos llevó por los verdes campos plagados de vacas tamaño XXL hasta la autopista que nos conduciría a Antwerpen (Amberes). Una autopista francamente extraña ya que no estaba “aislada” de sus flancos, que eran carriles bici, campos,… Y cada ciertos kilómetros era cruzada, con semáforos, por carreteras.

Sea como fuere llegamos a la ciudad y como el hotel estaba en pleno centro (no es posible estarlo más) tenía registrado en el gps una zona que previamente había planificado para aparcar al otro lado del río (después lo atravesaríamos por un túnel peatonal por debajo de él) pero siendo domingo y por si las moscas nos dirigimos primero al centro para, con ayuda de un simpático viandante traductor de flamenco encontrar un sitio cerca del hotel donde aparcar de gratis hasta mañana lunes a las 9:00, que empieza a contar la zona hora. La suerte, como siempre, nos acompaña.

Ala! Ahí que vamos con las mochilas hacia la imponente torre de la catedral. Junto a ella tenemos el hotel familiar Postiljon que nos da la bienvenida en un rincón maravilloso para el precio que tiene. Sin lujos (y de nuevo con el baño compartido) pero muy coqueto y ,como repito, con una localización inmejorable (en la foto anterior se observa la vista desde la ventana, como para hacer guarreridas con ella abierta).

Es temprano y aun no está hecha la habitación pero nos dan la llave para que dejemos allí las cosas y poder salir a gusto, que lo estábamos deseando, al primer paseo por la monumental ciudad, lo que hacemos bajo una dualidad atmosférica. Sin viento bajo el sol, achicharrante. A la sombra y con corriente, tiritera. Pa coger un constipao oiga.

Después de admirar la plaza de la catedral y (creo) la del parlamento, una junto a otra nos dirigimos hacia el río Schelde, lleno de bullicio. Turistas, viandantes que se dispomem a cruzarlo (por el túnel aquel), gente haciendo tai-chi, por supuesto cientos de bicicletas (aun no he hablado de ellas?? ostia) y un castillo-palacio con una estatua de una tal Fortunata Antverpia que supongo que alguna historia tendrá a sus espaldas pero que, de momento, ignoro.

Entre pitos y flautas nos entró el gusanillo y para preparar el asunto nos fuimos a una terraza bajo el sol en la plaza esa que dije no se si del parlamento pero que llamaré de las banderas, (porque estaban todas las de europa) con la intención de libar el líquido nacional. Probamos en esta ocasión la rubia Estella y nos atendió, esto ya parece de risa, una camarera que ha vivido en Vélez-Málaga. Como es lógico le hube de mencionar a mi difunto abuelo. Yo no sé, volviendo a lo gastronómico, si estas birras tienen más graduación o que pero lo cierto es que la segunda la noto y con esas coincidimos en comer en un italiano, que buscamos paseando por otras calles históricas hasta elegir un tal Da Giovanni con acierto. Una capricciosa y una quatro fromaggi y más cebada. Tanto que tras la ingesta nos retiramos a meditar sobre lo divino o, en mi cado, dormir una minisiesta interrumpida en lo que sería la anécdota del día. Con antecedentes:

Cuando volvimos de comer notamos que las camas ya estaban hechas pero no así el lavabo (faltaba champú y no había toallas). No le dimos importancia y cogí un par de ellas del pasillo, ya que estaban limpias colocadas en una esquina, como si las tuvieran aun que recolocar.

Bien. Se ve que a las 17:00 era su momento porque tocaron a la puerta y ya entraban cuando a) luk empezó, ¡Ocupado ocupado! Y b) yo aun no me había despertado.

Medio abro un ojo con la mente 3 puntos más que espesa para advertir a una señora hablando a metralleta y luk de pié repitiendo “ay don understan!”. Viene otra y yo intentaba comunicarme pero mi mente aun no reaccionaba. Parecía una peli de Almodovar hasta que cruzo la mirada con la chica y acierto a decir con un ojo cerrao “mmmmmm, wait…. srry…..’m still sleepnggg” y en ese momento, creo, la chica hizo memoria y cambió el concepto de gordo-calvo-mongo por español-siesta-lahecagao mientras luk, que entiende mejor que habla le enseñaba las toallas y con mi everything is alright, no problem, dejó de disculparse y nos permitió cerrar la puerta y partirnos, de paso, el culo con la situación.

De cualquier modo nos sirvió para levantarnos y coger camino calle de nuevo para pasear más allá en busca del otro punto que no queríamos perdernos de la ciudad: La estación central quem según dicen es de las más bonitas que hay.

Del exterior vale, del interior discrepo pero sea como fuere nos regaló un buen y largo paseo donde encontramos 3 cosas interesantes en una. Un parque de esos guapos donde va la gente a esparcirse. El barrio de los judíos con un personal pintoresco cuanto menos y una foto desenfocada por la premura clandestina de lo que no se debe hacer pero que era obligada. Tal que esta.

Después de la estación vinimos por lo que parecía ser una zona turca y andando andando llegamos de nuevo al centro con ganas de mear y de beber por lo que volvimos a nuestro bar de la plaza banderolas y dimos rienda suelta a ambas acciones. (La foto, aunque es ilustrativa, corresponde a la primera sentada de aquel, nuestro bar por un día).

Se levantó de nuevo el viento frío y volvimos al hotel para aguas mayores, dejar tranquila la cámara de fotos y liberados doblemente de peso bajar a una taberna cercana a tomar la última (aquí yo descubrí una ambarina maravillosa, luk siguió con sus rubias) mientras veíamos como Fernando Alonso adelantaba al inglés infame y entraba segundo en Canadá.

Salimos a la, fría ya, calle y nuestro momento-pitillo nos encaminó de nuevo a la habitación para, ahora sí, descalzarnos y meternos en la camita donde ahora, con luk durmiendo ya, acabo de escribir esto y, una vez inserte las fotos que has visto publico y hago lo propio que mañana, a las 7:30 arriba que toca Ámsterdam, pero esa es otra historia.