¡Qué grande es mi ombligo!

Esto es algo sobre lo que he hablado muchas veces. Algo para mí tan obvio que es uno de los pilares donde se sustenta mi convencimiento de que no comparto con la generalidad de mi especie tanto como debería ser normal.

Decía que este tema tan recurrente, a raiz del vídeo que tan popular se ha hecho en estos días del histórico deshielo del casquete norte de NUESTRO (repito, NUESTRO) planeta. Bajo el lema “El infierno en la tierra” o “Así empieza el fin del mundo” aparece un time lapse con la evolución en los últimos 30 años del hielito norteño y su cada vez mayor cambio de estado sólido a líquido.

¿De quién es la culpa?. ¿A qué es debido?. ¿Ciclos?… probablemente al ser humano, a nosotros, a la contaminación que generamos. Puede ser. Como diría el orejudo Clark Gable AKA Rhett Butler en Lo que el viento se llevó “..me importa un comino…”. Lo verdaderamente importante para mí es ¿a quién afecta?…

…al ser humano.

Habrá quien diga -Donde vas alma de cántaro indocumentada!!. Afecta a los pajarillos, afecta a los montes, afecta a la abeja piñonera del roble ugandés… UNA MIERDA!. Nos afecta a nosotros, y ESO es lo único que nos importa. Cuando decimos “catástrofe” queremos decir “catástrofe para el bolsillo de alguien/es”. Cuando decimos “el mundo se acaba” queremos decir “el statu quo actual se acaba”. Cuando decimos “se esquilman los mares” queremos decir “el balance anual de la industria pesquera se ve afectada”. Incluso cuando decimos “se quema el monte” queremos decir “me gusta el monte y quiero verlo de determinada manera”. Los 9,8 m/s2 de aceleración gravitacional no son NADA comparado con la fuerza gravitatoria de ese gran agujero negro que es el ombligo humano. Nadie se plantea que somos una mierda en la inmensidad del universo, de la vía láctea, del sistema solar, del planeta tierra. Que este ha girado eones antes de nosotros y seguirá girando eones después de nosotros, que nuestra presencia aquí es tan testimonial como la del diplodocus, el culantro o el bogavante. Que no somos NADA comparado con el Hidrógeno o el Oxígeno que forman la molécula que, sólida o líquida, se halla a miles de kilómetros al norte de donde yo me hallo (digo norte pa entendernos, pero lo de “arriba” y “abajo” es tan insignificante en términos espaciales como en el sexo).

Que aquí lo único que nos importa es si dentro de 50 años la línea de costa se comerá 10 metros ergo habrá que regular el uso y disposición de los chalets o chiringuitos a pie de playa, que si aumenta la temperatura tendremos que dejar de plantar tomates pera o habrá que regar con agua fontvella o si Marina D´or ciudad de vacaciones dejará de ser un nombre para convertirse en un adjetivo.

Imagino a una bandada de flamencos, en su infinita irracionalidad, retrasando o adelantando la migración con naturalidad tan pasmosa como instintiva, y de paso partiéndose la polla viendo como miles de activistas y científicos pierden la salud imaginándose su sufrimiento. Incluso desapareciendo sin un quejido, extinguiéndose como si ellos hubieran dejado escrito el “la energía ni se crea ni se destruye, se transforma”.

Y mientras nosotros, los listos, con nuestro inmane ombligo prohibiendo bolsas de plástico y tirando con saña porque nos gusta que suene la botella en el contenedor verde flipando en colores con nuestra contribución al PLANETA….

…no somos nadie.

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