La historia interminable de la nariz tarada y la sanidad pública

La historia interminable de la nariz tarada y la sanidad pública.

Nota introductoria: Este relato no tiene (aun) final, y si lo escribo es porque percibo está adquiriendo tintes épicos y bastante clarificadores del funcionamiento del servicio público de salud andaluz o, al menos, de una de mis experiencias con él.

Hoy, 18 de Septiembre de 2014 es un día como otro cualquiera, con los alicientes de una presumiblemente opípara comida que, junto con mi amor, tomaré en casa de los papis, y el, seamos francos, no menos importante acontecimiento del estreno Sevillista frente al holandés Feyenoord en la Europa League 2014-2015 defendiendo su tercera corona. Nada de esto en realidad tiene que ver con la historia interminable, pero hace tiempo aprendí que no hay que escatimar en los prolegómenos y total, solo han sido unas líneas.

Ahora, al turrón.

Prólogo:

Diría que a finales de 2012, tras padecer desde tiempos inmemoriales dificultades respiratorias, cansancio crónico y problemas de memoria que me llevaron hasta a hacerme pruebas específicas (no parece muy normal salir todas las mañanas de casa sin saber dónde aparqué el coche la noche anterior) y, fundamentalmente, movido por la piedad para con mi chica que entendía que algún artículo de la carta de los derechos humanos debía incluir la prohibición de emitir ronquidos de unos decibelios tales que aun durmiendo en habitaciones separadas y puertas cerradas sigan siendo molestos, decido pedir cita y el llamado médico de cabecera, familia o atención primaria, ud. elija, en la llamada Casa del Mar, tras verme me remite a Neumología para que me de norte.

Sin mucha dilación me dan la cita esperada (ay, qué fácil parecía entonces!) y me dirijo a donde me mandan. Hospital Vázquez Díaz. Allí me atiende el Neumólogo (consulta 3) y tras hacerme unas preguntas, un test y unas miradas me dice que me va a remitir a 2 lugares, el uno, al Otorrinolaringólogo (en adelante otorrino) en Centro de Especialidades Virgen de la Cinta. El otro a la unidad del sueño en Hospital Juan Ramón Jiménez. Que la primera será rápida pero lo del sueño tardará más.

Efectivamente, no pasa mucho tiempo en que tengo cita con el Otorrino que en un rápido vistazo me llama gordo, viejo, nosequé del paladar bajo y que me tienen que meter cuchillo porque tengo varias cosas revueltas. Me escribe en su idioma en un papel, me lo mete en un sobre y me dice que le dé eso al Neumólogo que ha pedido la consulta. Le pregunto que cómo, que si tengo que pedir cita con él, o cómo va eso. (NOTA IMPORTANTE: En esto de la sanidad, y mira que se supone o parece que los médicos y tal han de ser gente inteligente y preparada, pero parece que en general son tan estúpidos, dicho sin acritud, que piensan que todo el mundo ha de saber cómo funciona un sistema tan caótico y extraño para el populacho)

Decía, retomando, que ante mi pregunta poco menos que se encoge de hombros y dice lo típico de “pero él es el que ha pedido mi valoración” y yo “pero así a lo práctico, que el sistema como va, que yo sepa no puedo presentarme en la consulta de nadie sin pedir cita, o si?” y en esas digo que también estoy pendiente de cita con la unidad del sueño y que supongo que me dará otro informe o algo y me dice que espere a lo del sueño y ya me retomará el Neumólogo.

Po fale. Así que me guardo el sobre cual piedra roseta durante varios meses que tarda en decir la Unidad del Sueño -Hola qué tal!

Cuando por fin se manifiesta el tema consiste en que vendrán a mi casa a ponerme unos cachivaches mientras duermo y a la mañana siguiente vienen a recogerlos y ya les chiva si respiro, si no, si canto por alegrías o rememoro pasajes bíblicos, que a ver si hay suerte porque hay veces que con tantos cables y aparatos el paciente no duerme bien y por tanto los datos no son fiables. Yo me rio con la suficiencia del que se duerme en el Gueto de Varsovia un día de tormenta mientras un terremoto de 8 grados con epicentro bajo la barbería de Chaplin en personaje casi ni se percibe por los ladridos de los perros que me buscan. A mí en dormir no me gana nadie, y mucho menos unos cables, cintas y demás zarandajas…

…Más adelante descubriría que llevo varios años sin dormir, lo que se dice dormir, así que lo que creí una virtud hube de apuntarlo al debe, pero ya me estoy adelantando.

Patri, que así se llama, así con confianza, ya que ahora, dos años después, es casi de la familia ya que controla la máquina con la que duermo, que no es poco, viene puntual a recoger el chivato y tras hacer unas preguntas, contrariamente al Otorrino, me cierra el capítulo sin Cliff hanger y me dice lo que ocurrirá a renglón, que cuando tenga los resultados se los envían al Neumólogo que los pidió y ya ellos me darán cita con cartita correspondiente. Ahí me acuerdo de la piedra roseta y le digo, oye, lo de blablatorrino bla qué?. Eso ya cuando vayas al Neumólogo se lo das también (diligente, pero errónea solución, creo yo, a tenor del chapucerío de después).

Y pasan de nuevo los meses, y finalmente se me convoca oficialmente a reunión con el señor doctor. Me siento y le ofrezco como si del santo grial se tratara la carta que tan celosa y arrugadamente he conservado en el fondo del bolso (si, uso bolso) todo este tiempo. Huelga decir que ya abrí dicha carta y la miré atentamente pero no la leí, aunque no puedo decir que no lo intentara, ya que el conocimiento del Sánscrito no está entre mis innumerables virtudes.

El doctor (en adelante y por comodidad, el Neumólogo de la consulta 3) lo lee y frunciendo el ceño tipo pokero a punto de hacer All in me dice que efectivamente me tengo que operar de un par de cosas (no especificó cuales, tal vez ni él mismo entendió toda la letra del Otorrino), pero que vamos a ver qué dice el informe (que tiene en el ordenador) de la Unidad del Sueño. Lo mira y de repente en lo que viene siendo un alarde de paradoja o en una muestra de que lo diferentes que pueden llegar a ser los criterios de un ser humano (él) y otro (yo) dice como con alegría, ahhh, no pasa nada, no hace falta que te operes, tienes apnea grave, lo que pasa es que dejas de respirar 30 veces por hora y claro, eso te produce todo (se enciende la luz, mi luz) el cansancio, pérdidas de memoria, ronquidos, etc… así que con un CPAP, la maquinita conocida (y aquí ejerzo de médico estúpido) por todo el mundo, se acabarán todos tus problemas.

No es que pasarme el resto de mi vida durmiendo con una máquina, sinceramente, sea algo demasiado grave para mí. Indudablemente desde el día 2 de uso la vida me cambió como sólo imaginará quien haya pasado por lo mismo, para bien, por supuesto. Es un coñazo para viajar y tal pero bueno, compensa y más de un año después sigo durmiendo como un tronco así que no me preocupa. Pero ni yo, ni mucho menos el Neumólogo de la consulta 3 deberíamos olvidar las matemáticas:
a) me tengo que operar
b) tengo apnea del sueño

esto….. ¿puede que b sea a causa de a?… ¿el hecho de controlar b hace que a no tenga más efectos?…. no sé si me explico.

En resumen, que bastante tiempo después, e independientemente de que tenga relación o no, de que tenga que seguir usando felizmente mi Antonio´s Machine, sigo sin poder respirar en condiciones, ni de noche ni de día. Lo de respirar por 2 orificios nasales es algo que me han dicho que es característica del ser humano, pero yo no lo conozco.

Así pues decido retomar el asunto del Otorrino, porque eso como que se quedó a medias y seguiría contando si no fuera porque con esto acaba el Prólogo, ahora empieza la historia interminable (si has llegado hasta aquí supongo que será por lambuzo, que viene a ser chismoso, pero te advierto que el próximo capítulo, un maravilloso, largo, absurdo e inacabado recorrido por la burocracia médica lo describiré a conciencia en breve, ya que puede ser de utilidad pública, ya que, el que más y el que menos se ha visto, se ve o se verá en más de una ocasión a lidiar con esa siempre autojustificada ineficiencia, negligencia e inoperancia de la sanidad pública. Que defiendo y defenderé como todo servicio público, pero que sufro como el que más.

Continuará.

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Un pensamiento en “La historia interminable de la nariz tarada y la sanidad pública

  1. mírale el lado bueno, respiras menos polución que los demás, jajaja. No, en serio, a ver si te descubren el vick vaporub que te arregle esa odiosa sensación. Por cierto te han mirado el corazón? no sé, es una idea. Muaaaaks

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