Día 3. Pedaleando

Cuando varios meses atrás decidimos y planificamos este viaje, una de las cosas fijas era dejar un día completo para alquilar unas bicis y pasarlo en Stanley Park. Más que parque, bosque al noroeste de la ciudad, con toda suerte de atractivos para el visitante de la chancleta que somos. La tarde anterior habíamos visitado varios rent a bike y teníamos decidido uno que por 20$ la burra nos la ofrecía all day con todos sus accesorios (casco, cesta, candado…) así que a las 9:30 estábamos allí listos para el tema. Luk feliz con su bici lila y yo también emprendimos el pedaleo hacia Stanley. Sería costoso describir el lugar, una maravilla llena de fauna, lagos y por supuesto mil carriles pero en primer lugar queríamos rodearlo por el principal que bordea por el mar (como dije en la entrada anterior, el parque es una península que corona la otra península que es en si misma el centro de Vancouver, y su mayor lago se encuentra en el istmo a modo de entrada oficial.

 

Decía, pues, que ibamos a rodearlo y elegimos el sentido contrario a las agujas del reloj. Craso error pues al llegar a la llamada tercera playa encontramos que dicho carril era de único sentido. Nos extrañó porque era muy ancho, con dos vias diferenciadas, una para ciclistas y patinadores, y otra para caminantes.

Sea como fuere y tras un amago de carrileo por el bosque interior tomamos de nuevo el mar y nos incorporamos para hacer la ruta en el sentido adecuado. Pasamos pues de nuevo por el lago/entrada (lost lagoon) y empezamos a virar con el camino al norte para detenernos en el popular parque de los totems, impresionantes muestras (creo que son réplicas) del arte nativo.

 

Seguimos y la isla se cerraba sobre la ciudad de modo que pudimos obtener unas vistas más que recomendables del downtown al otro lado del agua. En medio el puerto deportivo, o uno de ellos y seguimos hasta pasar por debajo del grandioso Lion gate Bridge, puente que comunica la ciudad con el norte, y que tomaríamos al día siguiente.

 

De ese modo llegamos a lo que sería mar abierto si no fuera porque allí a lo lejos imponente está toda la franja formada por la isla de Vancouver, que por extensión bien podría ser otro estado diferente. En ese preciso momento nos damos cuenta del porqué del sentido único. Esa zona es escarpada y apretada entre la roca y el mar abajo con lo que el carril se estrecha llegando al punto de unirse al peatonal en algunos tramos. De hecho aun sabiendo del sentido único daba miedo tomar alguna curva cuya pared se encimaba y ya te imaginas chocándote con uno de frente y volando ambos por el barranquillo al grito de “sinomematoenlasrocaselaguamevaadejarmongodefrio”.

En fin, que rodeamos el parque y decidimos seguir por la costa sur para rodear la ciudad pero tanto pedalear y con solo un cafe en el cuerpo (ah! Se me ha olvidao lo del café, dentro de 2 frases lo explico) decidimos ir a comprar algo que meternos en el body y en un 7eleven lo encontramos.

 

Lo del café: Los norteamericanos como ya sabréis le dan al café como si fuera agua… bueno, de hecho es prácticamente agua pero con chirri y aunque nuestro hotel no tiene servicio de papeo tiene una sala de estar la mar de mona con café y té para relajarte en cualquier momento del día. La primera mañana nos fuimos a desayunar por ahí pero este día nos tomamos el café en el hotel y decidimos que lo suyo era comprar dulces y el resto de mañanas desayunar en el mismo hotel. Este lobby se ha convertido en nuestro lugar ideal para relajarnos, leer, escribir y meternos dosis de cafeína a discreción.

 

Bueno, estábamos comiendo en el 7eleven un par de dulces que podrían parecer como los que nos comemos en España, si no fuera porque al segundo bocao te das cuenta de por qué Norteamérica controla el precio mundial del azúcar. Yo creo que iba a partes iguales con la harina (nota mental: otro tema del que hablar en la entrada final de reflexiones, el sistema de alimentación).

 

Todo esto venía, aunque le despiste con temas de importancia vital sin los que no dormiría tranquilo esta noche, a que tras esta parada sin recordar ahora por qué dimos marcha atrás hasta el/la

 

A)Union parque/ciudad

B)Itsmo

C)Cuello de Antonio el del Rocío

D)Coronilla de Chicote

E) Lost Lagoon

F) Todas las respuestas son correctas

 

Y bordeamos la ciudad, esta vez por el norte hasta Canada Place, la parte del puerto también llamada Waterfront (será porque está in front of the water) y allí decidimos urbanizarnos y cruzar la city por el medio parando a mitad camino en la Vancouver Art Galery para echar un pito en sus escaleras entre el olor a peta circundante pues es una zona alternativa y ya se sabe que lo alternativo es más previsible que la programación de tele5, estés en Vancouver o en Pablo Rada, el cliché es universal, a excepción de la flauta, que es intercambiable por otro artilugio.

 

Bueno, me quito el bigote hitleriano en honor a mi amiga MamaLouise y seguimos pedaleando hacia el sur para, de nuevo en la costa llegar a David Lam Park y, con el plan perfectamente trazado, ir al mercado ese de ayer y comprar viandas varias para comer en el césped… Bueno, en un poyete que estoy viejo hasta pa eso, que pena de cuerpo rancio que tengo mon dieu.

 

Disfutamos del yantar y cual Perrico Delgado volvimos a Stanley Park para, esta vez, rular por los trails interiores, un tanto laberínticos y no demasiado propios para nuestras bicis mixtas, pero gozados sumamente. Llegamos a un difícil de encontrar Beaver Lake (el lago del castor), tapizado casi por entero de flora y de cuya fauna castoril no encontramos rastro pero una pareja de abejas mutantes les dio por copular en un radio de mi bici, sin duda contratadas por la dirección del parque para no irse del lago sin una foto animalada.

 

No me enrollo más pues el grueso del día fue eso. Después nos echamos a descansar bajo un árbol un buen rato, vimos unos jardines muy hermosos, devolvimos las bicis y fuimos al hotel para un café y volver a nuestra playa con menos gente que la jornada anterior pues ya se venía viento, nubes y ambiente de avanzadilla a la lluvia que tocaría la siguiente jornada. Nos fiamos de la puesta de sol, porque se hizo a escondidas tras las nubes y con ello nos retiramos pasando, por si el lector lo olvidaba, por un 7eleven para comprar el azucar de un mes de una familia media en forma de bollo para la mañana siguiente. Lo demás, una persona educada no debe contar.

 

A dormir y hasta mañana, en otro medio de transporte. Llevamos Avion, Piernas, Bicicleta,… Qué toca?…. pues eso.

 

Hasta entonces

 

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Un pensamiento en “Día 3. Pedaleando

  1. MamaLouise: Gracias Antonio por tu mención, ya me he depilado el bigote. Cuando vengáis lo tendré otra vez fuera 😉 Luk, los totems son los pirulitos de Vancouver jajajaja.

    Adriansens: ¡Quiero mi bollo hiperazucarado! ¡Quiero mi bollo hiperazucarado!

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