European Tour. Días 1/2 del 12 y 13

Salzburgo. La ciudad de Mozart. Pero es mucho más que eso.

Salzburgo tiene algo especial, y con los ojos cerrados se la recomiendo a todo el mundo porque aparte de ser monumental y llena de posibilidades para la visita, está en un entorno privilegiado. Entre montañas y totalmente integrada al río Salzach tiene belleza y magia al mismo tiempo, pero vamos con la crónica:

 

Como conté en la entrada anterior, llegamos por la tarde de la jornada 12 de viaje, después de un largo camino norte-sur-norte por Austria y una pequeña escala en Eslovenia. Estábamos cansados y ciertamente el hotel Rosenvilla, donde nos alojábamos, nos acogió perfectamente como para quedarnos allí a descansar hasta el día siguiente, pero realmente estábamos deseando pasear por la ciudad así que aunque el hotel estaba en una zona residencial, a unos 20 minutos andando del centro histórico, decidimos recorrerlos y hacer un primer recorrido tarde-noche. En el hotel nos informaron de la Salzburg Card, con la que podías hacer uso durante 24 horas de todos los medios de transporte así como entrar a casi todos los lugares pero decidimos estudiar su conveniencia y aunque el Bus paraba al lado del hotel nos atrajo la idea de caminar ya que primero entraríamos en el Volksgarten, que era un parque fantástico con lago y playa y todo donde muchos locales disfrutaban de la calurosa tarde y paseamos junto a bañistas, jugadores de voley playa, ciclistas y otros paseantes para llegar al río y seguir junto a él, entre árboles y mansiones hasta cruzar uno de los muchos puentes que desembocan en el casco histórico, donde en la terraza del Museum nos tomamos una cerveza mientras se puso el sol y la noche invadió la hermosa y pequeña ciudad para recorrer calles de pequeñas tiendas y restaurantes, todo a precios desorbitados, y llegar al límite noreste donde la montaña está literalmente cortada y da fin a los últimos edificios. Aun con el calor que nos perseguía en este viaje disfrutamos del paseo y de la vuelta hasta nuestro hotelito donde, ya en nuestra regalada suite aprovechamos para un poco de relax y un sueño más que reparador, que el día siguiente iba a ser muy intenso.

 

Y llegó la mañana, esta vez sin despertador, de la jornada 13. Yo la verdad es que estaba deseando bajar a desayunar movido por las innumerables referencias que en los portales de Internet hacían de este lugar y su desayuno, y es cierto que se lo curraron bastante. Es diferente a los desayunos habituales, más propio de los Michelin, con pequeños platitos elaborados en plan boutique además de los productos típicos, con una variadísima selección de quesos y frutas y verduras frescas. A mí me encantó, a Luk, más espartana y poco dada a la probatura de cosas nuevas un poco menos pero sea como fuere disfrutamos de lo que en esencia es un poco de energía para empezar el día (yo, pese a mi tendencia habitual y aunque eran a demanda, sólo me comí un huevo cocido, al que le pintaron una carita sonriente y le pusieron un gorro de lana J). El café te lo hacían también a demanda lo que siempre es un descanso de los cafés típicos de buffet y, en una terracita hermosa y floreada sienta mejor.

 

Ala, todo dicho sobre el desayuno y con esas fuerzas nos vamos a la ciudad en Bus ya que, previamente habíamos decidido adquirir las tarjetas de las que hablé antes y que amortizamos muy bien. Como dije el autobús paraba a la vuelta de la esquina y en 5 minutos nos dejó en el centro junto al río donde, en nuestra primera “actividad”, queríamos subir a Untersberg, un macizo montañoso a unos 15 kmts de la ciudad donde en telesférico se sube hasta unos 1.800 metros y tienes unas vistas maravillosas de la propia ciudad así como del entorno de los Alpes “Berchtesgaden”, parte de los Alpes del Este.

 

Para ello teníamos que coger el autobús 25 (también incluido en la Salzburg Card) y nos paramos a mitad de camino para visitar el Palacio Hellbrunn y sus famosas “Wasserspiele”, unos jardines llenos de surtidores escondidos y juegos de marionetas movidos por el agua donde el Príncipe-arzobispo Markus Sittikus construyó este capricho para su disfrute, sinceramente, un lugar único en el mundo y donde el guía-troll nos sorprendía mojándonos cuando menos lo esperábamos.

 

Después de la visita a las fuentes, y dejando de lado el Palacio que hoy es el museo de artes y costumbres ya que no teníamos tiempo para todo lo que queríamos ver, volvimos a coger el bus y, ahora sí, llegamos hasta los pies del imponente Untersberg para montarnos en el teleférico y subir hasta que teníamos nieve a nuestros pies pese al calor sofocante que seguía haciendo. Allí paseamos un poco y disfrutamos, sobre todo, de las vistas de la lejana ciudad y de las montañas, nos tomamos un refrigerio y llegando la hora de comer bajamos de nuevo para volver a la ciudad empezando a notar ya seriamente la presencia del calor que tocó techo y donde, en unos autobuses sin aire acondicionado, nos estaban dejando mongos. Bajamos en la ciudad con pocas ganas de nada y decidimos que antes de gastarnos un pastizal en una comida que no íbamos a disfrutar el Whopper siempre es tu amigo así que nos metimos en un BK, comida rápida y de allí nos dirigimos a una de mis visitas deseadas, la casa-museo natal de Mozart, donde pude disfrutar viendo (y fotografiando en plan clandestino) el viejo y original clavicordio que tocaba el Músico en su infancia, así como su violín y (esto no era original, era un facsímil) la partitura última que realizó el genio, de su famoso Réquiem. Allí en el museo a Luk le sobrevino un ataque post-whopper y, viendo que teníamos tiempo y estábamos acalorados nos fuimos al hotel para una ducha rápida y un poco de relax, para volver de nuevo al centro (como dije del hotel al centro en bus eran 5 min.) y hacer las dos últimas visitas.

 

La primera, el museo de arte moderno de Salzburgo, que nos importaba -1 pero que está en la montaña cortada al borde de la ciudad y donde un ascensor te eleva hasta las más famosas vistas de la misma, donde poder fotografiar en línea la ciudad, su catedral y la gran fortaleza Hohensalzburg y donde intentamos inútilmente que un oriental, pese a su buena disposición y paciencia, nos sacara una foto decente. Al final no pudo ser.

 

Ya empezó a oscurecer y bajamos para la última visita después de un paseo por las últimas calles que nos quedaban por recorrer, las que están junto a la montaña, llegamos a la entrada al funicular (porque a pié iba a subir el tato) para escalar hasta la Fortaleza, miniciudad dentro del castillo (para el que no sepa qué es una fortaleza) y desde la que de nuevo se veía toda la ciudad al sur y el gran macizo al norte que por la mañana habíamos ascendido. Allí en la fortaleza nos tomamos la última del día mientras vimos como el tiempo empezaba a cambiar radicalmente volviéndose apocalíptico por momentos así que recogimos nuestras personas y ya de noche y con todo iluminado bajamos primero la montaña y luego por la hermosísima ciudad hasta nuestro ya conocido Bus 7 para terminar de nuevo en el precioso jardín del Rosenvilla a fumar el último pito y, tras un nuevo megabaño estirarnos cuan largos somos en la cama y esperar a que, ahora sí, el despertador sonase para otra ruta muy larga pero especial.

 

Y eso, claro, es otra historia.

 

NOTA: Las fotos están completamente desordenadas, qué le vamos a hacer

DSCF2197 DSCF2195 DSCF2191 DSCF2188 DSCF2177 DSCF2174 DSCF2161 DSCF2145 DSCF2136 DSCF2129 DSCF2095 DSCF2046 DSCF2080 wpid-Photo-16062013-2151.jpg wpid-Photo-16062013-2146.jpg wpid-Photo-16062013-2216.jpgDSCF2107 DSCF2115 DSCF2125

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s