European Tour. Día 8

Willkomen auf Deuschland! (o como se escriba). Alemania nos recibió de múltiples maneras… Pero antes déjenme contarles que ese día nos levantamos temprano en nuestro hotelito principesco, nos desayunamos por última vez con la música clásica que nos ponía nuestro amigo Dave (alias Valeri Karpin) cada mañana y, tras despedirnos de él y pagar, lógicamente, la cuenta, nos fuimos paseando el corto tramo que nos separaba de la parada donde el tranvía 14 nos llevaría a Van de Loomersplaintz, donde se encontraba nuestro cochecito esperando en el P+R. Pagamos los 24€ debidos por los 3 días de parking y salimos guiados por la Marien a la ronda que nos sacaría de Amsterdam hasta más ver dirección Frankfurt am Main pasando por Köln (Colonia). Unos 400 kmts. de camino de los que aproximadamente 100 eran en los Paises Bajos y el resto ya en Alemania. Andaba al acercarnos a la frontera con la cámara preparada para la típica foto del cartelito cuando nos damos cuenta que acabamos de cruzarla y no nos da tiempo a comentar la jugada cuando un coche de la polizei nos adelanta lentamente, se nos coloca delante y enciende un cartelito intermitente que rezaba, alternativamente, algo como POLIZEI – FOLGEN. Le digo a Luk conductora, que también se percató, -creo que nos están parando- y ella, eso parece, si? No? Pero la poli no se paraba, aunque iba lento y con el intermitente a la derecha así que hicimos aspavientos elocuentes como si estuviéramos confusos, que lo estábamos, pero que se notara, a lo que nuestros freunds uniformados respondieron encendiendo levemente las luces azules. Ok, parece claro, y vemos que se salen de la autopista y nosotros detrás más rallaos que José el Francés intentando cantar algo que no sea “Fuera de mí” hasta que se paran y hacemos lo propio. Se bajan dos rubios y una rubia muy monos ellos, (sin juegos de palabra) y nos preguntan de todo y nos piden de todo. Miran y remiran y yo me bajo del coche para coger los papeles que estaban en el maletero. Mientras comprueban cosas yo, que soy así de boniato les pregunto “is this a standard stop or there’s something wrong?” a lo que me respondieron que no, que era la frontera NL-DE y que paraban de vez en cuando con lo que me relajo y les hago la pregunta-membrillo que me corroía por dentro “… Only for curiosity,… Folgen is stop?..”, sonríe y contesta, “it is follow”… Ahhh, ya, claro. Y me metí pal coche mientras le decía a Luky -Policía, síganos, como pa entenderlo”. Y para demostrar simpatía nos dejan girar allí mismo en redondo y volver a meternos en la autopista camino del segundo recibimiento tras este primero administrativo

 

El segundo lo viví perplejo yo solito ya que fue en un área de descanso mientras mi querida compañera de fatigas y de amores liberaba liquidos, en una zona sólo con árboles y un modernísimo WC (después hablaré de ellos) en una mesita cercana hay dos señores entrados en años. Yo estoy en el coche esperando y se me acerca sonriente uno de ellos, mira la matrícula y me pregunta en un regulero español si hablo alemán. Le contesto que sorry I do not y balbucea eimmm ainn y pasa de preámbulos y me saca de una carpeta una…. revista de Atalaya!. Comorrrr?!?! En plena autopista la iglesia evangélica me da la bienvenida a tierras teutonas y me invita a su rebaño!…. Casi que no puedo contener la risa pero hago el esfuerzo y le suelto en versión internacional mi frase infalible contra Testigos varios (de la que recomiendo tomen nota los que no sepan cómo librarse de sus arengas -El rincón de Alesín, educa y entretiene-) “sorry, I am Catholic (remarcando el “Católico”, si,ves que no será suficiente añade “Apostólico y Romano” y marcharán raudos por donde vinieron) como hizo mi amigo alemán comprendiendo que al ateo que soy puede intentar venderle la moto pero a otro sectario del barsa no vas a colarle un carnet del madrid.

 

Volvió Luk más desahogada y mientras le contaba el segundo recibimiento y ella poco a poco iba recobrando la compostura seguimos camino para llegar a nuestro destino. La ciudad con nombre de salchicha gorda. Por el camino, comprobamos dos cosas, los cochazos que se gastan por aquí y la amortización que hacen de su potencia. Harto conocida es la libertad que existe en las autopistas germanas para, en condiciones normales, dar rienda suelta a la velocidad terminal. 3 carriles donde el de la derecha suele estar poblado de camiones bastante veloces, el del medio para adelantarlos y, a ser posible volver al carril porque por ese y sobre todo el izquierdo van pasando una suerte de estrellas fugaces, la mayoría de la constelación Audi aunque Porsches, Mercedes, algún Ferrari y unos pocos Bmw, nacionales pero, se ve, en su mayoría exportados a catet… a conductores de otras nacionalidades. Y eso que la gasola es carilla en comparación con la nuestra, (el Gasoil más equiparado). Se ve que hay poderío.

 

Ah, caray!. Que ya me plantaba en Frankfurt sin contaros lo de los WC!.

 

Al igual que en otros países del norte visitados suelen ser de pago. O bien con cestita y señor/a mantenedor/a o bien, como en nuestra siguiente parada en área de servicios, con “entrada de metro” con sus tornos y todo. 0’70€ por cabez… por culo que a tenor de la limpieza (cagar en una estación de servicio española es comprar papeletas para comenzar el Apocalipsis Zombie) merecen la pena. Impolutos se hallan y se dejan ya que, tras la deposición (en mi caso, y aunque el detalle es fútil a la par que desagradable, cuantiosa) pasas la mano por un sensor y mientras el agua se lleva esa parte no deseada de ti un brazo se posa sobre el disco apoyatrasero y éste gira 360º para recibir con deleite a lo largo de todo su perímetro los mimos electrohigiénicomecánicos, “UNO se alegra de ser útil”, que diría el otro.

 

Salimos ambos cual catetos comentando el mecanismo y Luk hubo de confesar que gastó el doble de recursos energéticos en pro del séptimo arte, vía smartphone, claro está.

 

Y ahora sí, Frankfurt nos recibe, a las 4 de la tarde con más hambre que la Trini haciendo Check-in en nuestro Ibis Centrum, dejando el coche en el Parking, que en estas ciudades es lo mejor y tras comprobar la bien equipada Zimmer (habitación) nos vamos dando un mediano pero precioso paseo por el río que da apellido a la ciudad (Frankfurt am Main) río Main en original y Meno con subtítulos en español hasta la zona vieja, pequeña pero bonita para, desesperadamente hambrientos meternos un cervezazo alemán y una Bradwurst de campeonato (Luk de ternera y yo de cochino) coincidiendo ambos que, pese a estar ambas de muerte, la suya ganaba la medallita. Contundente el refrigerio hasta el punto de saciarnos y eso que estábamos dispuestos a un segundo round de una carne con una pinta exquisita. Inflados y viniendo de Amsterdam, los 9,40€ que costó el condumio nos pareció un regalo, que compensamos al sector gastronómico de la ciudad encontrando un mercado de alimentos típicos que nos regaló una especie de pastel indescriptiblemente bueno que empalmamos con otro más cafelereles ya en un horno cercano.

 

Todo iba bien (y lo fue hasta el final, que no sé por qué esta frase parece conducir hacia un final nefasto) y Luk que había hecho algunos deberes me dijo que, en la visita turística no debía faltar una entrada de metro (U-bahn) diseñada como un viejo vagón introduciéndose en el asfalto y, aunque estaba a un rato de camino fuimos haciendo una ruta donde vimos todo, parques, casas antiguas, jardines e iglesias, un curioso cementerio en medio de la calle y, algo propio de Frankfurt, los copiosos rascacielos que la pueblan. Me flipó sobre todo el del Banco de comercio y el del Banco Chino de la construcción, pero había de todo, y con una arquitectura bastante original, todo hay que decirlo.

 

Vimos finalmente el curioso vagón y terminó nuestra ruta en la enorme Estación Central, que sería muy hermosa si no fuera por el innumerable montón de locales de comida rápida que, en su interior, daban más apariencia de casino de Las Vegas. No merece la pena, a mi entender. Y de allí nos fuimos a una plaza preciosa a tomarnos una, estábamos seguros pero nos la repamplinflaba cara cerveza en la terraza de un hotel cuyo nombre no creí importante recordar. Sí el momento que, acompañado del memento recogido, el enésimo posavasos cervecero, nos cogió en medio de un cambiazo repentino… Pero repentino oigan! de tiempo. Habiendo hecho un calor sofocante todo el día con la oscuridad llegaron nubes negras como el futuro de España y un viento 3 puntos más que huracanado que hizo recoger a toda prisa el paraíso bucólico-gastronómico donde nos hallábamos y que, con los vasos vacíos y the bill already paid nos fuimos a ritmo de polka a nuestro ya cercano hotel para aprovechar la habitación de fumadores y viendo el verde jardín que nos muestra la ventana ser sacudido por una lluvia generosa! escribir estas líneas y darle al intro final, a la espera de poner mañana las fotos decorativas que no ilustrativas de lo acontecido ya que aquí el Wifi solo es gratis en el Lobby y es probable que si aparezco en gallumbos orondo cual soy y estoy reforzando termine con un señor o señora con porra delante mía con un cartel a la espalda diciendo, FOLGEN, y si es señora y está como la de esta mañana, no se yo si hacerme el sueco con eso de las confusiones del idioma…

Descansen, como yo, que este ha sido largo. Bis bald!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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