European tour. Día 3

Ay, qué poco dormí!. Escribiendo las 2 entradas anteriores me dieron las mismas (las 2:00) y a las siete tronó el despertador ya que teníamos un largo camino hasta Brujas y sólo esa tarde para pasearla, así que queríamos llegar pronto.

Habíamos cogido el desayuno en el hotel de modo que tras la duchita de rigor nos avituallamos variadamente y una vez preparadas las mochilas para los dos días siguientes (las maletas las dejamos en el coche) partimos dirección Paris sin parar más que en un área de servicio (ya lo he dicho en otra ocasión, las áreas en las autopistas francesas son de un nivel inimaginable en spain. El peaje se lo cobra pero da gusto encontrar unos servicios limpios, totalmente equipados, con wifi, cesped, bancos bajo arbolitos y todo sin gasolinera o bar, solo para el descanso del viajero).

 

Si, se nota que no hubo más que destacar de la ruta. Devoramos kilómetros salvo en el lógico tránsito por las inmediaciones de la capital gala que se ralentizó un poco y, siguiendo dirección nord (hacia Lille, prácticamente en la frontera con Bélgica) donde una luz nos anunció que había que reponer caldo en el carromato, lo hicimos en el primer país del Benelux, cerca de Gante, a pocos kilómetros ya de nuestro destino final. Brujas.

 

 

Eran aproximadamente las 14:30 cuando arribamos a una ciudad que, ya disfrutada, resultó espléndidamente hermosa y asequible al pie pues como ya nos avisaron, un día es suficiente para gozarla.

 

 

Pequeña y cómoda de tránsito nos fuimos directamente hasta nuestro hostal mochilero para dejar las mismas (mochilas) comprobando de una primera vista que nos va a gustar mucho. Bullendo de personal de todas partes, con ambiente y donde el simpático chaval de turno nos hizo el check-in, nos dio instrucciones para aparcar el coche en zona gratuita y nos deseó una feliz visita.

 

Nos fuimos pues a aparcar no muy lejos y del tirón, con el ombligo pegao a la espalda de hambre nos encaminamos al meollo en pos del buen yantar, que diría el difunto Labordeta.

 

De camino llegamos al Burg que, junto al Markt forman, ambas plazas, el centro de la ciudad. Impactantes, aunque se hayan visto fotos. No dejamos no obstante que el flipe nos entretuviera mucho y decidimos buscar un sitio donde comer aun sabiendo que el centro traería el navajazo pero el hambre y el daigual nos poseía y aposentamos los traseros en una terraza de una plaza preciosa en un restaurante de nombre impronunciable donde fuimos a lo seguro a la par que típico. Mejillones y papas fritas que, después nos enteramos, son (a las papas me refiero) un invento belga por más que internacionalmente se les conozca como french fries, qué cosas.

Tremendísimos los mejillones. Muy recomendable y eso que no somos de typicalies. El camarero, que al escucharnos nos habló en perfecto español nos recomendó aderezo de ajo y vino. Luk se quedó con el ajo que para gusto de ambos estaba más rico (a fin de cuentas se parece más a nuestro estilo) pero el de vino tampoco estuvo nada mal. Nuestro amigo nos dijo que su español se debía a que vivió un tiempo en Chiclana lo que demostró con un “aquí tienes, ssservesssitahh” un tanto fail pero divertido.

 

Comimos como gorrino en charco (de feliz no de puerco) y tras la monumental y esperada clavada no contentos volvimos a una gof…. Un go….. Un sitio donde hacen gofres, ejem, que por la cola debía hacerlos de lujo y cumplió con la expectativa y allí que vamos con los mismos a recorrer a gusto la ciudad. Eran sobre las 17:00 y volvimos al hostal sobre las 20:30. En ese tiempo nos dio idem para ver todo el centro y recorrer andando el perímetro del mismo, a la vera de los canales junto a corredores, paseantes y ciclistas de todo tipo hasta, quédese pasmao, una moza con una pierna escayolada, con las muletas en su soporte correspondiente y pedaleando en mono o, mejor dicho, por el canal izquierdo solo.

 

La ciudad y sus canales son francamente recomendables, con las típicas (si has visto fotos) fachadas en escalera, el regusto medieval conservado adecuadamente y, aunque llena de guiris como nosotros, no decorada con plastiquete y colorines. En un momento dado vimos un cutrecartel “welcome to the republik” y tras una puerta cochambrosa descubrimos un local alternativo que, aprovechando un patio desvencijao resultó de lo más grato pa un café en un ambiente diferente pero ya empezando a notar el frío que traía un molesto viento.

 

Pero volvamos a la llegada al hotel donde habíamos decidido previamente meternos en el ambiente euromochilero y con varias cervezas (mi estómago me agradece la nueva afición) empecé a escribir esto que lees aunque ahora sean las 23:00 y en el camino estuviéramos charlando con una pareja de Donosti, contándonos nuestras respectivas rutas, las de ahora y otras pasadas.

 

El día tiene poco más que contar. En breve a dormir que mañana a las 8:00 en planta de nuevo para Antwerp o Amberes, como prefieran. Gracias por su paciencia, buenas noches y buena suerte.

 

 

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4 pensamientos en “European tour. Día 3

  1. Luisa: ¡Qué bien os lo montáis! Siempre con gordiciones espectaculares. ¿Cómo estaban esos gofres? ¿Les podríais chocolate por encima, no? jajaja

    Adri: Antonio, has ganado el premio al guiri con mayor pinta de guiri de la historia. Ni con unos calcetines blancos lo hubieras hecho mejor jajajaja

  2. Que buenos recuerdos esa cervecitaaaaa. A mi, aun con un frio d narices, me parecio una maravilla de ciudad, llena de rincones maravillosos.. y ya cuando descubrimos una cerveceria con mas de 400 variedades, ni te cyento!!!!!

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