El café más caro del mundo. Día 4

La jornada se presentaba de lo más emocionante. Por fin llegaríamos a nuestro destino, improvisado 5 días antes en una ida de olla. ¿Vamos a tomarnos un café?… ¿A onde?… ¿Ehmmmm, a Liechtenstein?.

Po fale.

Así que tras 3 días de ruta emprendemos camino hacia Winterthur, norte del norte de Suiza para, desde allí, y una vez alimentado del caldo más caro que ha catado el pequeñajo Kía Rio (curiosamente el Gasoil, más caro que la 98) nos dirigimos al lago Bodensee (Constanza), que limita el país con Alemania y Austria. Lagos los de suiza que por momentos te hacen creer que has llegado al mar, de lo inmensos que son.

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Desde allí empezamos a bajar junto a la frontera y, tal como hicimos con Alemania, nos metemos en Austria donde el panorama cambia, notándose cierto influjo de la antigua alemania soviet, muy industrial y con algún que otro tirolés moderno por las calles. Volvimos a entrar a Suiza para, sin recorrer mucho camino, entrar por Schaan a Lietchenstein y bajar el minúsculo país hasta su capital, Vaduz, en cuya plaza central nos esperaba una terraza y un café, ahora sí, definitivo.

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NOTAS VARIAS SOBRE LIECHTENSTEIN: está considerado el país más rico del mundo. Con sólo 36.000 habitantes y una economía basada en la banca privada, paraíso fiscal a la sazón no es de extrañar que todas las calles fueran privadas con respecto a aparcar el coche. Tras varias infructuosas tentativas, incluyendo la entrada a un parking bastante pijo donde tras muchas vueltas intentando adivinar qué demonios decían las indicaciones y, salir preguntando a un muchacho muy trajeado nos dice que si somos clientes… Era la entrada y cortesía de un banco “¿pero tú nos has visto la pinta mein frund?”. Al final logramos llegar a un parking debajo del museum donde se pagaba así en confianza, lo que fueras a estar pero sin pasar barrera. Qué cívicos!. Como malos españoles pagamos de más, que el buen español aprovecharía para tangarse sin pagar,y así nos va.

En fin que salimos en busca del café con varias malas circunstancias. A) mañana es 15 de Agosto y es la fiesta nacional, así que todo el centro estaba de camiones y montaje para los fastos, lo que afeaba el lugar. B) para no faltar a la tradición en todos los,viajes que hacemos, a la Luk le vino a visitar la mujer de rojo, y en ese primer momento se pone muy malita la pobre. C) al contrario que el mío, su café sabía a demonios (eso le pasa por no tomar expresos, y sí esos tazones de café con leche que siempre son un sobre sorpresa). En cualquier caso fuimos felices con el simple estar allí, juntos, por una locura compartida y es que hay que tener suerte de que tu amada pareja esté tan loca como tú.
Sin más que hacer allí emprendimos el viaje de vuelta por la, coincidimos, zona más bonita de cuantas hemos visto. Bienvenidos a Heidiland. De nuevo me hallo incapacitado para transmitir las sensaciones. Prados, lagos, montañas y casas en inverosímil localización vertical, rodeadas de vacas lecheras moteadas y otras junto a su lago. Ánsares de todo tipo que aguantan más que yo bajo el agua y otras mil formas de vida en lo que parece ser un infinito relax (supongo, eso sí, que, incluso con la belleza de la estación, en invierno vivir aquí debe ser 3 puntos más que duro).

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Seguimos nuestro camino hacia otro punto inesperado de la ruta. La ciudad del oso, Bern (añádanle una A en versión española)….

…A ver cómo lo explico… Su puta madre, que no, vean, vean fotos y disfruten. ! Qué corta se nos hizo la hora que estuvimos allí!, pero es lo que tiene la larga distancia, que sólo te deja saborear un poco los platos que te van poniendo por delante. El regusto, claro está, es magnífico.

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Salimos de Berna y decidimos, entre conscientes, despistados y yaseveráquepasa tirar por un camino diferente del que nos marcaba la Marie (nuestro Gps) y así recorrimos campos y otros insólitos lugares,

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hicimos una fugaz visita a Friburgo y a un Lidl donde compramos vituallas para comer ese día y el siguiente, que el presupuesto se estaba destruyendo por momentos. Descubrimos que es imposible encontrar hielo en Suiza, (hasta el hecho de preguntar por él en cualquier tipo de establecimiento causa extrañeza) y a lo tonto a lo tonto llegamos a nuestro destino final del día.

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Un pequeño y exquisito hotel campestre cerca de Lausanne y su inmenso lago Leman (tan inmenso que en una punta estaría bañando Huelva y en la otra Sevilla). Cansados de tan intensa ruta decidimos quedarnos de relax, disfrutar de la Hostellerie y cenar en el jardín una cerveza y un GinTonic por 20€, resulta obvio que pasáramos de comer.
Nos invadió el sueño nada más arroparnos.

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De todos los sueños que pudieran venir a mi mente esa noche, me quedé sin duda con Heidi, le preguntaba, envidioso, “yo pa mí que no aguantas el invierno, hija de la gran…”

PS. ¿No creeríais que iba a olvidarme?.
Ahí sí.
Mi café.
Prost!!

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