Mañanita en la cocina

NOTA PREVIA: Sí, es un tocho que estaría mejor intercalando las fotos, pero no he podido, no sé por qué, así que todas las fotos van al final. Sorry.

Hoy, para celebrar que inicio mi macro puente constitucional he decidido comenzar esta primera mañana libre haciendo mi plato favorito, a la sazón receta festiva familiar para felices acontecimientos desde que tengo uso de razón.

Se le llama “pastel de carne”, “pastel relleno” y, supongo, otras fórmulas, pero en mi familia, de toda la vida, le hemos llamado “BRAZO DE GITANO”. Una comida de larga elaboración pero fácil de preparar e, indudablemente, deliciosa.

Así que, habiendo sacado del congelador la noche antes la carne picada, principal ingrediente del mejunje, me pongo manos a la obra mientras suena Roxette en mis auriculares (sí, parece que es una mañana de homenajes históricos).

Lo primero que hay que hacer es cocer patatas. En abundancia, como no puede ser de otra manera cuando el objetivo es conseguir un puré.

Mientras, prepararemos el relleno, y comenzamos haciendo un sofrito al que echaré mucha cebolla cortada pequeñita (todos los ingredientes van muy cortados), pimiento verde y se le puede añadir algo con cierto sabor/picor, pueden ser alcaparras, aceitunas, pepinillos… Yo he optado por picar un pepinillo agridulce, que me gustan mucho, pero esto es al gusto.

Aprovechando que las patatas ya están chup chup metemos para cocer también 3 huevos, dos de ellos irán al relleno y el tercero para decorar al final.

Echamos en una sartén grande con aceite moderado la cebolla y el pimiento, que vayan dorándose, y mientras especiamos la carne. Yo le echo sal, una mezcla de pimienta blanca, pimienta negra y nuez moscada y un poquito de perejil. Me gusta echarle a la carne picada un poco de canela (sí, lo admito, lo saqué de una película) que le da un sabor muy bueno, pero no para este plato (para albóndigas o pasta a la bolognesa le va genial).

Y a todo esto la cebolla y el pimiento ya tienen color, así que añado el pepinillo (se podría añadir tal cual al final, es decir, sin meterlo en la sartén, pero he optado por echarlo, para que pierda algo del dulzor, ya que como dije, no es pepinillo en vinagre, sino agridulce).

Cuando el sofrito tiene buen color (va a empezar a tostarse) añado la carne y a remover con alegría.

Aquí hacemos una paradinha, mientras se hace el sofrito en la sartén y se cuecen las papas (y, en este momento, los huevos) y disfruto de otro placer reservado a estas mañanas gastronómicas, ya que aunque no me gusta el alcohol normalmente, tengo fijación por echarme un chupito de oporto (blanco) mientras observo el chup chup y doy vueltas a las cacerolas.

Es tiempo ya de sacar los huevos, y compruebo que a las patatas aun le quedan por cocer con el siempre infalible método de pincharlas y ver si se aguantan. Una cosa buena de esto, a diferencia de, p. ej. una ensaladilla, es que como las papas van para puré, no importa que se cuezan bastante, casi mejor.

Bien, la carne ya está como tiene que estar, así que llegó el momento de darle un poco de jugosidad. He de admitir que normalmente lo hago con un poco de tomate frito que, para mi gusto, le da el toque campeón, pero como tengo abierta una lata de tomate natural pelado de las que uso para el arroz con pollo, aprovecho el caldillo en sustitución. No es lo mismo, pero valdrá.

Y por último añadimos cortaditos 2 de los 3 huevos que cocimos. Nuevamente tenemos aquí la ventaja de que si los huevos han quedado más o menos cocidos (sobre todo menos, que es lo que suele molestar), no tenemos problema ya que al pasarlos con el resto a la sartén se mezclarán, dando cremosidad al asunto, que es lo que se pretende.

Bien!! el relleno está listo, apartamos del fuego la sartén y mientras las papas terminan de cocerse hago otra de las cosas que no me gusta hacer normalmente, pero que tienen su bendita excepción cuando con el delantal me hallo, que es liarme y fumarme un cigarrito cocinero. Sí, qué voy a hacer, ninguna norma es comparable al inmenso placer de disfrutar de las pequeñas cosas.

Así que entre volutas de humo mi divagante y pelada cabeza arregla un par de problemas del mundo y saca a las pobres patatas de su sofocante momento caníbal para hacer lo que toca, vaciar el agua, echar agua fría y pelarlas cual vendedora de churros poniendo esos calientes manjares en el cartón (NOTA para quien un día quiera emular la receta: Por supuesto, aunque no dije, eché sal al cocer las papas, como son con la piel, no “preocuparsus” por pasarse, que ellas admiten lo que le toca y no más).

…..Momento tedioso. Machacar las papas hasta hacer un puré lo más fino posible.

Y sin más comentarios llegamos a la elaboración final del invento, para lo que necesitaremos papel de aluminio (mucha gente usa en cocina el papel de plata, pero pa mí que debe ser muy caro :p) o podemos usar papel de ese mencionado antes de los churros (a ser posible de los que tienen una lámina de plástico). De cualquier modo yo he usado uno basto (hubiera sido mejor el de aluminio) y le echo un poco de aceite para que no se pegue el puré que extiendo a continuación encima de él.

Hoy he decidido innovar (pensando que no tenía suficiente patata, pero al final lo mismo daba) y he hecho dos láminas de patata paralelas (en las fotos se entenderá mejor este párrafo tan mal explicado). Sobre la de abajo echo el relleno de carne, y después doblo el papel para que la lámina de arriba lo cubra, y ya solo hay que juntar los bordes con una cuchara o los santos dedos y queda el pastel. La forma tradicional en mi familia es hacer una extensión grande y poner en el centro el relleno, a lo largo, y después doblar el papel primero por arriba y después por abajo hasta conseguir el mismo resultado. He hecho uno de cada. Salvo un poco en la forma el resultado es el mismo. Sea como sea, al final se le pone un plato llano encima y se le da la vuelta.

Et voilá! ya está nuestro brazo de gitano list……… ONDE VAAAA!… si le falta el esencial elemento!!.

Pues claro, la mahonesa. Dulce manjar de los dioses y nuevo homenaje a la familia, Mahonesa a la sazón.

Aquí no me extiendo, salvo decir que bajo mi modesta opinión hay que arrancarle la piel a tiras y untar de sal gruesa al que le eche a esto mayonesa de bote. Háganla, que es sencillo y divino.

Aceite de girasol (of course), un huevo, sal, vinagre, limón y me he permitido el gusto de echarle medio diente pequeño de ajo, le metemos la “minipimer” y a gozar.

Cubrimos finalmente con la salsa todo el invento, y para darle un toque de color corto en tiras un pimiento del piquillo y adorno. Terminamos rallando encima el huevo cocido aquel que nos quedaba y a la nevera.

Para todo lo demás…………

Salud!!

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4 pensamientos en “Mañanita en la cocina

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