Día 8. Welcome to fabulous…

…Las Vegas. Ciudad del vicio, del desfase, del exceso pero sobre todo, que para eso está creada, del dinero. Todo gira en torno a las mesas de juego y las máquinas tragaperras. Lo demás es pura maniobra de despiste pero… Qué maniobra!!! Es absolutamente abrumador lo que han conseguido levantar en medio de un desierto inhóspito, seco y caluroso, pero bueno, enlacemos esto debidamente que ya se me está notando que soy casinero, y niño pequeño.

Salimos temprano de L.A. Sin contratiempos. La carretera fue bien. Respetando los límites de velocidad (65 millas y en algunas highways 75). Comprobando que efectivamente como sabíamos la gasolina puede variar drásticamente de precio de una station a otra y, sorprendiéndonos, nuevamente, con la maquinaria que se gastan los gringos. Nuestro focus es un moco junto a pickups gigantes, deportivos monstruosos, autocaravanas del tamaño de autobuses que remolcan a todoterrenos que a su vez remolcan bicis, motos o barcos… El mundo sobre ruedas. Ford mustang (mis favoritos) y camiones increíbles que llevan encima hasta 3 cabezas de caminón iguales que él….

Y llegamos a las vegas. No encontramos la visión fantasmagórica que se halla si la atacas desde el este, (esa la veremos en unas horas, ya que escribo esto mientras volvemos de Grand Canyon, aun en Arizona). Por la entrada sur ubicamos rápidamente nuestro hotel, por ser el segundo del Strip desde esa dirección, y porque una pirámide de más de 30 plantas de altura y 4000 habitaciones no suele pasar desapercibida.
Entramos y directamente dejamos coche y maletas en manos de los valets (botones). Y con nuestros recibitos padentro. No describiré el hotel porque no acabaría, impresiona, no tanto como algunos otros clásicos como el caesar palace o venetian, pero porque esos son de otra galaxia. Aun así es impresionante. Una ciudad. Mejor ver fotos.

Esperando a que tuvieramos una habitacion a nuestro gusto, porque tenían una en la planta 14 y nosotros queríamos cuanto más alto mejor. Eso si, hubimos de conformarnos con no fumador porque la única fumador estaba en la primera. Una lástima, porque tener una suite con spa y no poder (ejem, bueno, aun no nos hemos ido) echar un cigarrito… Bueno, que mientras esperabamos la habitacion fuimos a comer a uno de los tropocientos restaurantes del hotel y, cachis la mar, me topé con una hamburguesa tipo casera que ha desbancado a la whopper. Deliciosa. Al final cogimos la habitación en la planta 24 y por tanto el famoso inclinator. Ascensor que va en diagonal ya que va por los vértices de la pirámide. Ya en la planta yo iba acojonao por el pasillo. La altura es brutal. De la habitación, qué decir. Mi casa no es nada del otro jueves peronla suite es más grande que toda ella y más de lo que esperaba por las fotos. En el jacuzzi cabrían perfectanente 4 personas así que 2, como reyes. Las vistas, sin ser la mejor orientación, son perfectas para disfrutar desde el baño. Y hay un salón anexo casi como mi salón que no nos sirve para más que dejar las maletas en el sofá y enfriar el agua en la nevera. Todo es excesivo, ya dije. Y con esas salimos a ver los hoteles más importantes y bonitos para, de paso, conseguir yo las deseadas fichas para mi colección particular. Antes de eso llamamos al servivio de valet que nos subió en un plis las maletas con su propina reglamentaria de dolar por bulto, a saber: dos. Todos los hoteles-casino son temáticos, y al igual que el nuestro es el antiguo egipto teníamos el excalibur, ese que parece el castillo de playmobil, el new york new york, con su estatua de la libertad y todo, belaggio, caesar palace, paris, venetian, con sus canales y góndolas por dentro del hotel… Lo que más nos llamó la atención fue el efecto conseguido en algunos de hacer creer que estás al aire libre, con techos hiperrealistas pintados e iluminados y calles y plazas. Realmente consiguen un efecto alucinante. Aprovechamos para ver el magnífico espectáculo de fuentes del Belaggio y medio de lado el volcán del Mirage. El Belaggio fue, también, el elegido para buscar una buena mesa de blackjack y, con un poquito de suerte y cabeza (para levantarse) ganar 60$ para comprar todas las fichas deseadas en los distintos casinos y algunos souvenirs. Seguimos viendo y andando, tomándonos algo, hasta que la noche y el cansancio nos hizo emprender el largo camino de vuelta para llegar reventados y tras comprar la ultima ficha, la del luxor, y gastarme los 20$ que sobraban de lo que amablemente me había cedido el belaggio, nos fuimos a la habitación para darnos un megabaño en el jacuzzi y acostarnos hasta mañana, que es hoy, y que será aquí cuando pueda y ahora me despido, con el sol a punto de ocultarse en la árida Nevada, a 140 millas de la ciudad del pescado corvinal… Perdón, del pecado, comercial.

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