La duda



Tien Tsuo se encuentra sentado, sereno, delante de mi ojo, veo su
espalda, cubierta por el Ha ori, regalado por su padre Hao Tsuo,
naranja, como siempre fue en su familia.

Su espalda es ancha. Está calmado. Sereno. Inmóvil.

A
ambos lados sobresalen sus piernas, dobladas, cubiertas por el Ha kama.
Los brazos apoyados suavemente sobre las rodillas. Las mangas no
permiten ver sus puños, que adivino inmóviles. El Ha kama es hermoso.
Lo bordó su madre para Yu.

Ambas murieron mucho tiempo atrás. Madre. Hermana. No lloré. Nunca he llorado. No puedo

Su Ka Tana reposa a la izquierda. Oda Nobunaga. Hermosa. La vi una vez. Hace mucho tiempo. Era pequeño.

Me dijo “toma la Saya” y la toqué. La madera era suave, brillante.
Me
dijo “cierra los ojos” y los cerré. Sentí cómo la hoja se deslizaba en
su interior y un sonido brillante voló a mi oído. Una dulce brisa
fresca tocó mi cara.
Me dijo “abre el ojo”.Y lo abrí. Ví su hoja,
como giraba, suavemente hasta mi hombro y se deslizaba en él mientras
éste recogía la sangre derramada por mi ojo.

El
ojo que miraba tras la grieta en el bambú a Yu. Dormida. El ojo sesgado
se derramaba por mi cara. No lloré. Nunca he llorado. No puedo.

Después, con dulzura, me vendó. Me miró y comprendí.

Tien Tsuo se encuentra sentado, sereno, delante de mi ojo, se extiende la tarima hasta el fondo.

El sol está a punto de ponerse. Todas las casas Tsuo siempre han estado orientadas a poniente. Para ver Fu ji Yama.

Hao To Tsuo bajo de Fu ji. 300 años atrás.

El
sol es naranja, vuela hacia el cielo tiñendo naranja, se acerca por los
tejados, que confunden sus tejas con la luz naranja. Se acerca,
bailando con las hojas secas y sube y se eleva y entra tiñendo el ocre
de la tarima, que destella naranja. El brillo de la Saya, de madera de
magnolia lo acoge y refleja y veo en él ponerse el sol.

Todo
el naranja va oscureciendo al rojo. Me agarro con fuerza a mi Ki mono
para no temblar.El último rayo, se ha despedido de la casa de Tsuo.
Volviendo el mismo camino que tomó Hao To 300 años atrás.

Lentamente, su mano toma la empuñadura, una Tsu Ka sencilla. El cordaje está gastado.

Hay dos formas de tomarla, el pulgar hacia el cuerpo, el pulgar hacia delante……el enemigo siempre está al lado contrario

Hace tres días que lo observo. Duda. Por primera vez duda.

El
primer día, tras el último rayo de sol, la tomó. El pulgar señalaba al
cielo. Ese cielo que trajo la bestia. “Señor, aun no” le dije.

El segundo día. La tomó. El pulgar señalaba al cielo. Ese cielo que escupió la muerte a nuestro pueblo. “Señor, aun no” le dije.

Hoy duda. Su hombro lo delata. El pulgar apunta a la hoja. Espera mi respuesta.“Señor, Hirohito ha hablado. Rendición”….

Duda
toda la noche. Mi ojo es testigo. Está a punto se salir el sol. La casa
Tsuo nunca ha visto salir el sol. Sentimos el calor en la espalda.

Su hombro se mueve. Su pulgar apunta al cielo. Saca la hoja y la veo brillar por segunda vez. Se eleva. Su pulso es firme.

Baja.

El Haori deja pasar el Kissaki. La punta de la hoja atraviesa su espalda y cierro mi ojo.

Y lloro.

A.Alés

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Un pensamiento en “La duda

  1.  
    Contigo no doy a basto. Consciente. Este relato fue testigo: Hay remansos de paz en cualquier sitio.
    Contigo no doy a basto. Inconsciente. Este relato es testigo: Hay palabras donde anidan nuestros mundos. Tal y como los parimos.
     
     
     

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