La mentira



-Ay ay ayyyy!. Ayúdame a levantarme Milagros que se me va a estropear la permanente que me ha hecho el Bernabé.
– No se mueva señora, quédese tranquila. Es mejor esperar a que vengan los médicos.
– Candela, miarma, hazle caso al chico…

No llores prenda, que no me he roto nada; mi difunto Antonio se rompió
la cadera y le dolía mucho, levántame que el suelo me está quemando.
– Es el asfalto, señora, que aun está caliente.
– Vaya las obras estas, que lo hacen tó por medio y la máquina pasa sin mirar
– Señora, de verdad que lo siento, pero no la ví pasar, había cintas…
– Hijo, si ya lo sé, pero es que hace mucha caló y mi bloque está ahí delante… ¿qué tiene el suelo?
– Señora, es el asfalto, que está blando porque lo estamos echando ahora, por eso se ha tropezado
– Ayy qué olor más desagradable, levántame un poquino miarma, Milagros prenda no llores que estoy mu bien
– Ay mi niñaaaa, mi niñaa, tú tranquila Candela que ya viene el doctor…

Venga ya!, alejarse de aquí hombre! Gonzalo! Trae una manta… se la voy
a poner debajo de la espalda para que no se queme, ¿vale?
– Ayy niño gracias,… mi permanente ya se ha echao a perder ¿verdad Milagros?
– …
– Pero no llores hija
– Ayy Candela, ya viene el médico, no te preocupes por el peinao prenda… ¿Candela?
– Ayy niña que sueñico me ha entrao que me he quedao traspuesta..
– Ahí viene tu Fran…

– MAMÁ!!!
(shhhhh, no se ha dado cuenta, no siente nada)
– Mmmamá…..mmmami…
– Ay Fransito mira que ya estoy vieja que me voy tropezan…
– Descansa mamá, ya viene el médico…. Descansa….

Cuando
llegó la ambulancia ya estaba dormida. La gente agarraba a Francisco
para que no se fuera a por el chico de la apisonadora, que también
lloraba. Hizo falta esperar al juez para poder mover la máquina y sacar
la mitad del cuerpo de Candela. No se enteró de nada. La piedra
destrozó su columna y no sufrió dolor. El asfalto aún tierno se fundió
con sus vísceras a través de las que, poco a poco, fue perdiendo la
vida…

Fue un pequeño tropezón, ya estaba mayor. No vió la máquina. Esta la arrolló como si fuera mantequilla…

Yo
tenía 10 años y volvía del colegio. Era la primera vez que veía unos
intestinos de verdad. Pero no me dio miedo, ella sonreía. Una vecina me
quitó de en medio y volviendo a casa me explicó lo de las terminaciones
nerviosas y que no se enteró de nada.

Durante
muchos años, cuando leía el suplemento Blanco y Negro que venía en el
ABC del Domingo que mis padres compraban, una sección donde hacían un
cuestionario de preguntas a un personaje conocido, al llegar a
“Mentiras que me inspiran más indulgencia”, siempre pensaba: Las
piadosas… Aún hoy en día cuando oigo la expresión “mentira piadosa” no
puedo evitar recordar la imagen de Candela entre las piernas de los
curiosos muriendo sin saberlo mientras intentaba que no se le
estropeara la permanente.

A.Alés

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3 pensamientos en “La mentira

  1.  ..Fue en verano de hace muchos años, mi gata preferida fue atropellada por un coche. Después de buscarla durante muchos días, el cónclave familiar se manifestó para comunicarme que se había ido con el hombre que vendía pescado pueblo por pueblo en su furgoneta. A mí nunca me cuadró el contradictorio gesto de "la mansita", a mi lado era completamente feliz (jamón que yo en su estómago priorizaba y caricias a tuti), pero -y no es una anécdota- me pasé muchos años esperando su vuelta, llorando cuando no me veía nadie, imaginando sus ojos bicolor y su oreja mordisqueda por mi, claro. Cuatro años después de aquella separación dolorosa para mí  ví a mi abuela meterle una "trola" a mi abuelo para que no sufriese, es curioso porque no pongo este hecho en pie pero perfectamente recuerdo que la niña que yo era soltó el bocadillo y quedó fijamente observando la cara de mi abuela, sus gestos, la tensión de su cara. Interrumpi la conversación entre ambos, no podía haber nada más importante que mi pregunta "abuela, qué le pasó a mi gata"?. De esta manera supe que las personas podían aliviar heridas con las palabras, y de paso recuperé la fidelidad ahora ya sí eterna, de mi gata mansita.

  2. Antuan, he releído este relato y me ha vuelto a maravillar. Llevas a los relatos tu forma de desnudar a veces las cosas para que se hagan menos tremebundas y más accesibles. Este relato es muy tú, te lo digo yo que no lo soy. Muak

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