La caja

 

 
 
Yo no creía en casualidades, no. Pero aquel fastuoso cartel que tenía frente a mí. Aquella llamada sugerente “El gran mago Dominique. En San Juan por primera vez!!, presentando su maravilloso y nunca visto espectáculo………

……Acababa de morir Zenobia. Zenobia Camprubí y entre tanto revuelo fui de los pocos periodistas que consiguieron colarse en el maltrecho hogar de un visiblemente deteriorado Juan Ramón. Fue mi buen amigo Jaime Benítez, presidente de la Universidad de Puerto Rico, quien recogió en nombre del pusilánime el premio Nobel y como quiera que habíamos quedado para no sé que cosa importante accedí a acompañarlo con la condición de que me permitiera estar ante aquel que naciera tan cerca de mi propia casa.

Me produjo una lástima indescriptible y solo alcancé a preguntarle por qué rehusó recoger aquel galardón que tanto significó para aquella que velaba.
Sin mirarme siquiera pronunció. “Ningún campesino andaluz abandona a su mujer la noche de su muerte”.

Con el tiempo he visto como aquella frase fue trocada con efectos periodísticos y líricos por un “¿conoce a algún campesino andaluz que abandone….?

En aquel momento el Ilmo. Don Jaime me sacó del brazo y sin más preámbulos, (era hombre de pocos vericuetos) me llevó a su disyuntiva.

-Querido Alés, sé de tu afición a resolver pequeños y no tan pequeños enigmas y sin duda el acontecimiento singular del que he sido conocedor te interesará tanto como a mí.

Mi silencio le animó a proseguir

-En todo Puerto Rico no se habla de otra cosa que la misteriosa desaparición del jovencito Ariel Lébet, hijo de los Condes de Lébet y heredero de una de las mayores fortunas de Francia por ambos padres… Y créeme, caro Antonio, que mis propios ojos no dan crédito a lo que ví.

-Continúa – dije, con cierta intriga pero con mi habitual dejadez

-Se presentaba el espectáculo del gran mago Dominique, y como los Lébet siempre han sido, y sobre todo la señora, amantes del ilusionismo, se reservaron, por invitación del propio ilusionista, el mejor palco del teatro. Adornado por él mismo para la ocasión. El jovencito fue con ellos…. Bien. Dominique presume en su espectáculo de hacer desaparecer objetos, animales e incluso personas sin que nunca nadie haya descubierto el truco, pues sus pocas “víctimas” adquieren un compromiso con él de no desvelar el secreto. Así, en su número final la señora Lébet solicitó ser ella la partenaire en el número de la desaparición, y bajó al escenario con el hijo, que fue sentado en una banqueta del proscenio para observar de cerca el espectáculo… Decir en este punto que el truco parece tan sencillo que es difícil de creer, pero bastó alzar una tela de raso ante la dama, bajarla y el aire ocupaba su lugar ante el asombro de un público, que prorrumpimos en aplausos, incluyendo al jovencito Lébet desde su banqueta del escenario. No habían cesado los aplausos cuando se abrió la puerta de entrada y apareció la dama sonriente y coqueta y se acercó a un exultante Dominique, que en el escenario saludaba……. Solo.
Nadie reparó en cómo se hallaba la banqueta vacía, no creo haber desviado la vista más que uno o dos segundos al entrar la condesa…. Pero allí estaba la escena. Hasta el propio mago no daba crédito a lo ocurrido.… ni que decir tiene que la policía cerró el teatro, registró, con ayuda del propio Dominique todos y cada uno de los compartimentos bajo el escenario (donde, por cierto, se descubrió para siempre la trampilla de su famoso truco y el túnel hasta la entrada).Pero no se encontró al joven, y desde entonces, diez días hace ya, nadie lo ha visto…. Mira, querido!, por casualidad en esta pared hay un cartel de la representación.

Yo no creía en casualidades, no. Pero aquel fastuoso cartel que tenía frente a mí. Aquella llamada sugerente “El gran mago Dominique. En San Juan por primera vez!!, presentando su maravilloso y nunca visto espectáculo…………, aun no había penetrado por mi pupila.

Mi vista se fijó en la cara de aquel mago…. Aquel mago…zíngaro.

-¿Conoce, Don Jaime, el apellido de soltera de la condesa?.

-mmmm, déjame que piense,… Dagorret, juraría que era Dagorret.

-Así que cambiaste de nombre, zorro Boulez- murmuré….

-¿Cómo dices, querido?

-Nada, no digo nada, solo que aquella banqueta donde se sentó el joven no era tal… – y sonreí mientras leía por segunda vez “El gran mago Dominique. En San Juan por primera vez!!, presentando su maravilloso y nunca visto espectáculo…La Caja”

-Qué era, pues, si no una banqueta?

-…¿te he contado, mi buen amigo, la historia que titulé "La Maldición"?… es de los tiempos en que Einstein empezó a dejarse de peinar…

Y seguí mi camino retornando al triste recuerdo del pobre Moguereño que me hiciera llorar antaño con aquel peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón…
 
A.Alés
sssssssss

Anuncios

2 pensamientos en “La caja

  1. Ave María Purísima… (los que van a morir te saludan… ups!!! me equivoqué de institución)
    Me confieso (padre) enaganchada totalmente a este espacio, y como de vicios es sabido no anda el mundo escaso, ponga usted la penitencia que yo la cumplo con agrado…  
     
    Hasta la próxima entrega.
    Besitos de Canela

  2. Difícil me lo pone, cara amiga, ya que la penitencia que le pondría es en sí mismo otro vicio, lo que en esencia es una sardina de esas que llaman que se muerden la colita… y no está uno para morder colitas… sino al contrario ;).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s