El regreso

19 de Junio. Era mi último día en la capital, tocaba regreso a la costa, a mi hogar, pero antes me quedaba un último paseo por Madrid, ni se merece ni me merezco menos.
Me levanté no demasiado tarde y tomé el metro para dirigirme a mi primer destino. Cualquier madrileño al que le diga que éste no era otro que Aluche quedará pensativo (si es que tiene esa cada vez menos popular costumbre).
Ciertamente el motivo es puramente nostálgico pues desde que era bien pequeñito he pasado mis veranos y otras fiestas de guardar allí y no puedo pasar por Madrid sin observar los cambios que en su piel se van produciendo.
El paso del tiempo, no en los seres orgánicos, sino en los objetos, entornos o personas (que si, que son seres orgánicos pero no en ese contexto…bueno, yo me entiendo), en fin, que no digo me obsesione, pero sí que me produce cierta fascinación, así que, nuevamente, como hiciera en otros tiempos y cada vez que voy a esta ciudad, me bajé en Metro-Aluche para recorrer paseando mi querido estanque comprobando que, cual final del Springsteeniano "The River", ahora está seco, aunque allí seguían los bancos y piedras bombardeados con firmas que jurarían que eran las de siempre, allí seguía el Muñoza con sus papas bravas, los "frutos" Víctor y la heladería, el bar Mira Madrid también seguía en su esquina, el Copasa donde íbamos de pequeños mi hermano y yo con el Ubal (quiero recordar que a robar pero igual lo he soñado, con frecuencia los recuerdos de niño se magnifican con la fantasía que se le daba).
Pero ya no estaba allí la tienda de lanas (que supongo que vendería más cosas pero para mí era una tienda de lanas), con sus ventanales redondos y enmarcados en madera clara cual ventana de agujero-hobbit, y sus lanas, sus ovillos de múltiples colores colgados…
Tampoco estaban, ¡qué esperaba!, las cabecitas asomadas a las ventanas… sobre el banco 2º A, a la derecha en el último portal el 3º y el 7º B con mis queridos amigos de antaño, aquellos de una época de gritar y cantar sin sentido ni objetivo, de reír bajo el sol de Agosto o sobre el frío seco madrileño.
No quise pararme más, sí, era la plaza, la mía, pero al tiempo era como a esa antigua novia que hace tanto tiempo que no ves que cuando la ves aparecer lo saludas así de lejos y sigues tu camino…. ese tiempo pasó. Y yo también seguí camino Tembleque arriba hasta Metro-Empalme para retornar al centro.
Mientras esperaba la máquina y observaba a una oriental que a su vez me observaba a mí se me perdió la vista y el sentido pensando en qué mas cambiaría la próxima vez que vuelva al barrio. Pensaba que por mucho tiempo que pase siempre habrá algo, una esencia, que permanezca igual…… después algo me susurró, quizá fue el barrio mismo, que si él pudiera hablar me diría varios años después que soy yo el que no tengo rastro del que fui.
Puede ser, le contestaría, pero yo soy orgánico, lo mío es entrópico, lo suyo sí tendría mérito.
No volvió a susurrarme nada, no se puede ser tan cínico, hasta tus propios pensamientos te abandonan.
Y con ese vacío sereno emprendí… y comprendí, que en un día se puede regresar dos veces… al pasado y al presente.
 
19 de Junio, AVE. Asiento 4-A, vagón 3. De regreso a casa.
 
A.Alés
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