Crónica NIEBLA-ARACENA. Capítulo 2

Bueno, prosigamos pues con la crónica ahora mucho más entendible pues
las fotos éstas, añadidas a las Coyotiles, ayudarán al avezado lector a
localizar los espacios siderales que surcamos con orgullo dinkero.

Nos
quedamos subiendo la cuesta de La Pañoleta, cual procesionaria del pino
con un servidor delante y la pareja gaditana en la retaguardia y
tomamos la autovía dirección Huelva para, en la salida de Sanlúcar la
Mayor, salirnos y tomar la paralela nacional que, cual recta
norteamericana nos llevó sin mas incidentes que algunos badenes a su
paso por pueblos al pueblo llamado Niebla de cuyo castillo andábamos
interesados en visitar (bueno, y COYOTE mancillar )
de modo que penetramos hasta la muralla este y en un alarde de
liderazgo aplaudible e incluso loable por mi parte dirigí a la tropa a
una fermosa zona donde, umbría, dejamos las motos sin daño y a cubierto
del solano que a esas horas ya empezaba a dejar su labor iluminatoria
para solo dar por culo (de ahí el nombre "solano").

Desprendímonos
de los atavíos moteriles con la tranquilidad de que, 3 horas después de
los respectivos puntos de partida los desodorantes aun cumplían su
función, nos encomendamos a Cristo nuestro señor y dimos un par de
vueltas antes de encontrar la entrada al recinto amurallado donde
(nuevamente agradecimos la fidelidad del DOVE o AXE de turno) nos
esperaba una más que agraciada señorita que nos explicó
convenientemente el proceso a seguir, nos entregaba unos mapas y nos
cobraba una entrada de 4 euros por persona física.

NOTA: Todo
esto lo dedujimos la mayoría porque en un momento nos encontramos con
los papeles en la mano y con los conocimientos en el cerebro tipo
matrix, pero un servidor y algún otro solo alcanzamos a oir sonidos
guturales mientras nuestros ojos permanecían trazando el camino más
corto hasta el espíritu santo de la cicerona (el que no aventure a
interpretar la metáfora religiosa, santígüese y verá la luz).

No
voy a entrar en pormenores sobre la visita del castillo. Baste decir
que a mí me pareció curioso, no muy bien conservado aunque lo
suficiente como para hacerse a la idea de su estado cuando sus carnes
eran prietas y lozanas, que un servidor se escabulló a ver los curiosos
camerinos que había en la Barbacana a modo de tiendas medievales y gozó
de un rato de fresquito al descubrir en uno de ellos un ventilador
conectado a la red eléctrica.
A todos en general nos llamó la
atención el pequeño "museo de los horrores" donde, a medida que nos
íbamos introduciendo mostrábanse retorcidos instrumentos de tortura
hasta llegar al clásico verdugo cortacabezas. Lugar inmejorable para
una cámara oculta pues os juro, queridos amigos, que si el muñeco le da
por girar la cabeza simplemente a éste que narra le cae rodando por
pernera a elegir una caquíta mínimo y, cual cabra montañes hubiera
dejado un rastro desde el lugar hasta mi moto la cual, a esas horas
(como se pudo comprobar más tarde con el consiguiente derrumbe de mi
liderazgo aparcamotil) junto con el resto empezaba a empaparse de sol
del joío que por una extraña costumbre tiende a moverse negándole la
regalada sombra a unos y dotándosela a otros, (alguien le debía
explicar a a ciertas horas es mejor dormir la siesta que moverse por
ese espacio que los astrónomos se empeñan en dar y quitar nombres para
editar nuevos manuales y sigo que ya me estoy desviando de mi órbita).

Salimos
pues del castillo y ante la imposibilidad de libar en una fonda que se
hallaba en el interior con fines turísticos pero cerrada a cal y canto
nos despedimos de la dulce doncella que nos diera entrada y dirigímonos
de nuevo a la zona de las motos para, en una terraza fresca tomar el
ansiado y variado líquido que a cada cual le plugo (que le salió de los
cojones, vamos….. a la señora JADE no la menciono en tales palabras
soeces pues pareja es de un amigo por lo que carece de organos sexuales
para mi, aun con fines recursivos de la lingüística).

El señor
COYOTE, que debió quedar satisfecho tras su acoso sexual al muro del
castillo, hecho al que ya me he referido en varias ocasiones no con el
objeto de vilipendiar al caballero, sino de motivar que la foto
atestiguadora sea colocada en este sacro lugar) decía, PACO, nos pagó
el condumio mencionado y con más miedo que vergüenza nos acercamos a
unas más que ardientes motos, a colocarnos unos guantes hirviendo, a
enfundarnos en los incandescentes chaquetones y a colocar nuestras
augustas cabezas en sus correspondientes cascos para, sin entretenernos
mucho so pena de desfallecimiento, salir por el sistema de "cagando
leches" ™ en dirección Alajar, pueblo cuyo nombre preguntaba el
fotógrafo Juanca y en cuya cima, llamada Peña de Arias Montano en honor
del pensador que allí se recluyó quién sabe si para meditar y escribir
que cuenta la historia o para huir de ciertos nobles acreedores que, a
tenor de lo visto en el castillo, no se andaban con chiquitas a la hora
de "dar unos cachetes"……….

………pero si me lo
permiten, el último tramo lo dejaré para el 3er y último capítulo pues
aunque ahora no hay contribuyentes enfurecidos con horcas y antorchas
en la lincha del funcionario vago, un servidor desea descansar las
manos y la cabeza. Hasta entonces.

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