Día 12

Ayer, acojonéme sobremanera. En la víspera del regreso, con el recuerdo aun del horrendo viaje marítimo, llegó por poniente una tormenta de verano que, entre raoys, truenos y un viento que hizo correr a turistas y comerciantes en s´arenal me pusieron de corbata mis amadas gónadas, tanto por la posibilidad de otro viaje malo (en esos momentos la situación era marejadilla a marejada) como por la probable suspensión de la salida del barco y sus consecuencias, con el hotel madrileño ya pagado y tal.
Finalmente todo quedó en un susto pues gracias a la naturaleza de esas tormentas estivales, y aunque la noche siguió tormentosa, el viaje en la mañana fue tranquilo y rápido (esta vez sin escala ibicenca).
Los marinos saben bien y han popularizado la sentencia "después de la tormenta siempre viene la calma", más acertada en la mar que en los matrimonios.
Compartí camino con mi primita que se quedó en Valencia ese finde mientras que yo, tras un café de despedida partí a Madrid con ganas de kilómetros ruteros.
La autovía es muy buena y con una parada de respostaje y comida a base de gazpacho andaluz (bebido, como tié que ser) y pollo asado al microhondas :S llegué a Madrid para descubrir que, efectivamente como me habían comentado, está levantada por todas partes. Por primera vez en todo el viaje me tuve que poner seriamente alerta a la circulación, pues si bien las calles y circunvalaciones son una rally lleno de obras y desvíos, el personal conduce, con perdón, con el puto culo (bueno, hay de todo pero en absoluto te puedes fiar).
Aunque legué bien y pronto al hotel, en la puerta de Toledo y con el mismo nombre. Hotel que, como el Granadino, era céntrico, antíguo pero cuidado y limpio y, of course, con garage (esta vez me tocó pagar, no todos los días es fiesta).
Llegué cansado y solo me permití un pequeño paseo por el centro, ópera, sol, sevilla, todo en obras y llegué a un rincón que me encanta cuando entras por la calle Príncipe o del príncipe como se le quiera llamar y aterrizas en la plaza de Santa Ana, donde me esperaba el Teatro Español, para con una revista con la amplísima oferta teatral de esta ciudad seleccionar la obra que, si todo va como espero, veré el Domingo…
…curiosamente en la contraportada de la revista venía una oferta que rezaba
"Pide tu menú Gigante y te obsequiamos con otra hamburguesa igual, válido en Burguer King Alcalá 80, 24, etc….."
Como diría aquel con voz ronca y cachetes a lo perrito pachón, "es una oferta que no puedes rechazar".
En metro, más por nostalgia que por pereza, pues no está a mas de media hora a pata Callao, con el iconográfico e inmortalizado en la gran pantalla cartelón iluminado de Sweppes, de la Puerta de Toledo, decía, en metro me dirigí al cuartel general y, habiendo cenado bien (bueno, rico más que bien), me acosté pues necesitaba descanso para la revuelta y algo peligrosa jornada que me esperaba en el penúltimo día de viaje.
Y ahora lo dejo que tanto escribir me está privando del paseo que en el buen retiro me dispongo a hacer.
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